Encuentros y desencuentros

 

Encuentro 31 de Octubre de 2022 

María Marciani - Alejandra Breglia - Lisa Erbin




No me pidas que no te ame así - Malcom & Marie 

 

 

Alejandra Breglia 

 

La película nos ofrece una escena de claro corte sincrónico que, a modo de obra teatral, muestra a estos partenaires en una larga noche en blanco y negro que, antecedida por la premier, los aplausos y el brindis, trasluce un instante puntual de desencuentro: mientras él festeja, escucha música, toma wiski y baila solo, ella se muestra esquiva, silenciosa, crispada. 

 

Tomaré solamente un detalle, que podría leerse como momento preciso donde algo se conmovió y se localizan signos de un arreglo que se desacomoda. 

 

Malcom no le agradece ni nombra a Marie en el discurso por el estreno de su película. Ella se dirige asertiva al decir que forma parte del éxito de él, que la película se basa en su vida, y que quiere ser reconocida en ello. Se siente caída del lugar de musa inspiradora de las ficciones de él, lugar privilegiado que le confería un cierto agalma y algo le vacila entonces para ella  

 

Si la verdad tiene estructura de ficción, esta ficción le muestra a Marie una verdad, revela algo de una pregunta en forma de "Che vuoi?", "¿Qué me quiere?", que le anticipa una respuesta y en su anticipación esa respuesta le retorna como algo del orden de lo oracular.  

 

Corrido el telón, cae el velo, cuando se ve entre el público que mira el film y deduce que no le dio el protagónico a ella, entonces la pregunta por el deseo del Otro toma el matiz de cierta indeterminación. 

 

Ella quiere ser reconocida como única por la otra parte”, dice Lacan en El Atolondradicho, es a lo que apunta la exigencia del amor del lado mujer, sabiendo que “si se satisface ahí la exigencia del amor, el goce que se tiene de una mujer la divide, haciendo de su soledad su partenaire, mientras que la unión queda en el umbral.” (1)

 

Mientras se suceden los monólogos que toman visos de eternidad, el cuerpo de ella se va modificando, quitando ropajes. De la parada fálica donde aparece recubierta de ese vestido ceñido y brillante, a la delgada desnudez, pasando por la furia de su cuerpo empuñando un cuchillo, hasta perderse en la inmensidad de ese “afuera” que arroja una sensación de proximidad con el pasaje al acto. Semblante de mujer seductora y comprensiva por momentos con mezclas de mascarada sádica e implacable por otros, ante la comprobación del deseo del Otro como algo opaco, oscuro. 

 

Así Marie le lanza en bocanadas a Malcom: “Te amaba incondicionalmente ¿por qué? Porque valoro el misterio. Lo desconocido. Es lo que sostiene la tensión de la relación y nos obliga a ser mejores. La incertidumbre, ¿y si alguien lo amó mejor?...  […] También me hizo darme cuenta que tu falta de celos se debe a que no valoras ese misterio, ¿o sí? …. […] Y por eso puedes olvidar agradecerme en tu discurso. Porque no temes llegar a casa y que te diga, ¿Sabes qué? Me perdiste esta noche, al carajo, se acabó. […] Mírame. Soy la única que queda.” 

 

“Se trata del registro de la exigencia del amor… El amor –y su exigencia- es del registro del reconocimiento… La indicación de que la mujer sigue siendo compañera de su soledad en su goce muestra el fracaso de todo reconocimiento del amor. No es que, en este sentido, el hombre sea infiel, sino que la soledad de una mujer se funda en un goce al que ningún hombre puede seguirla.2  

 

 Referencias:

(1) Lacan, J., El Atolondradicho, Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 491

   



Malcolm y Marie, arreglos y desarreglos 

 

Lisa Erbin 

Todo parece bello al inicio. 

Ella, él, la casa, la música 

Pero los semblantes van cayendo. 

También las ficciones que sostenían a cada uno. 

Vamos pudiendo ubicar un punto de quiebre para ella. Algo se le ha desarreglado en una escena que no vemos pero que irán relatando. En el reciente estreno de la película de Malcolm, de la cual acaban de regresar, él no la nombró ni le agradeció. Quedó fuera de su lista, de su reconocimiento. Así nos devela el lugar que la sostenía, para caer en un lugar de desecho que va profundizándose con el correr de la discusión. ¿Qué me quiere? ¿Qué lugar en el deseo del Otro? 

Vamos entendiendo que hubo un tiempo donde ella consumía y se encontraba muy mal, perdida. Excesos de drogas y medicaciones. Varios tratamientos y rehabilitaciones. Algo del lazo a él, podríamos arriesgar, le permitió armarse una vida distinta. Enlazarse a este parteneire funciono como un arreglo para su vida.  

Del lado de él podríamos aventurar cierto enganche vía ayudarla, rescatarla, nutrirse de tramas para su arte de filmar. El film nos deja entrever algunos hilos de todo esto en distintos momentos de la misma. Entonces retomo la pregunta que traía Ale Breglia en la clase anterior, en este malentendido entre los sexos, ¿de qué manera el parlêtre se sirve del Otro para gozar?  

Sabemos que el goce siempre se produce en el cuerpo del Uno, es autoerótico, autista, pero pasa por medio del cuerpo del Otro.  

Podemos tomar la película para intentar respondernos algo de esta compleja pregunta. Fuerzo un poco. ¿De qué manera uno al otro se sirven de medio de goce? 

Del lado de Malcolm podemos ubicar una dirección hacia esos divinos detalles en el cuerpo de ella o en su ropa, en tanto objeto a de su fantasma. Siguiendo esa dirección podríamos enunciar que su parteneire síntoma tiene forma de fetiche, fetichista. Del lado de ella se ve la búsqueda de sus palabras, ser nombrada, elegida entre otras, una forma erotómana de pasar por el cuerpo de su parteneire para su goce.  

Ella le dice muy en el inicio: “mejor no hablemos, esto terminara mal…”. Pero ambos no se detienen. Las palabras van teniendo efectos en los cuerpos de cada uno que van modificándose. Palabras duras, rudas, que hieren. Entonces cae el vestido de Marie, su porte ya no es tan erguido, su rostro se desencaja, trasluce un clima de odio y muerte: morir o matar parece en varias escenas un devenir posible, cuchillos, cortes.  

Sabemos que el desarreglo puede llegar a tomar la forma de un desenganche, desencadenamiento, desliz a lo peor. Lo sabemos en la clínica de muchos casos que atendemos. La película nos mantiene con una tensión donde todo el tiempo está la pregunta de si habrá punto de amarre para uno u otro frente a este desarreglo permitiendo continuar el vivir de cada uno o vendrá lo peor 



   


El Sr y la Sra Henderson 

 

María Marciani 

A diferencia de la estrepitosa noche de Malcom y Marie, noche de realización, donde cada uno ha inventado un modo de sostenerse en la vida, el director y la actriz discuten se arrebatan, se desgarran disponen de sus cuerpos y van del erotismo del encuentro, al te mato o me mato sin escalas; Blue Jai, en cambio, nos lleva a otro escenario.  

Un ritmo lento y cansino de un pueblo detenido en el tiempo, un pueblo que guarda recuerdo de los dos tortolitos y sus viajes imaginarios por la vía de la cerveza. Un pueblo metáfora de los lugares donde el “Y seremos felices por siempre” de los cuentos infantiles, es decir un bastión del NP (nombre del padre) se intenta sostener en esos personajes de otro tiempo. 

En ese escenario se reencuentran los protagonistas de una historia que juegan nuevamente los roles de una película del gran sueño americano que ya en su adolescencia en los 90 había dejado ver claramente su obsolescencia. La timidez del encuentro es tan evidente como la sonrisa que empieza a dibujarse en los rostros de Amanda y Jim, cada vez con más nitidez en la medida en que la noche transcurre.  

Los dos tortolitos inician el recorrido por el arreglo fundamental en el que se sostuvieron, el refugio que inventaron, una invención necesaria frente al desarreglo fundamental, el traumatismo de la lengua para el ser hablante, traumatismo que nos condena al hablante ser al delirio del sentido-goce. 

En su texto en dirección a la adolescencia Miller (1) afirma que del impase sexual no se sale nunca, es decir que el abismo abierto para el ser hablante no sabe de maduración alguna, es agujero que requiere de invención, es grieta que solo es soportable a cuenta del armado de un arreglo sintomático que haga posible la vida, arreglo que se sostendrá, en tanto permite un saber hacer, pero no cualquiera. Cuando Lacan agrega saber hacer ahí” (2), implica un saber hacer que comporta una cierta apertura, es decir que no implica de ningún modo, una especie de instrumento utilizable en cualquier situación y bajo un mismo patrón programático. Un saber hacer abierto a lo contingente.  

Hemos visto a lo largo de nuestro seminario, los arreglos que comportaban una rigidez tal que implicaban recortes importantes en la vida, vidas cercenadas de movimiento, rutinas de excesivo trabajo, encierros, el contacto reducido a muy pocas personas, la dificultad para incluir la dimensión del amor, la dificultad para armarse un cuerpo, el consumo como recurso que llevaba a lo peor, para mencionar algunos  de esos arreglos; y hemos ubicado también como ciertos acontecimientos inauguraban la posibilidad de un nuevo arreglo.  

Para Amanda y Jim, el reencuentro muestra de lleno el arreglo que armaron en la adolescencia, el señor y la señora Henderson, que encuentran en el casete de aquella época y eligen por azar es una muestra de ese arreglo, el armado de dos personajes a los fines de una diversión, de una película que no es casual vuelvan a dramatizar. Ellos dramatizan un guion que van improvisando, una especie de juego al matrimonio perfecto, que gira en torno al trabajo, los hijos, los planes futuros, un mundo ideal. Algo se desliza también de otros sueños la estrella de la música, un juego que les permitía estar juntos y un disfrute que posibilitaba poner el cuerpo, pero a condición de sostenerse en ese sueño. Un sueño que no dejan de ironizar, transformándolo por momentos en melodrama o en una película erótica, donde lo que cuenta es el gesto para la cámara, y para la diversión de ambos.  No se trata entonces de un típico caso del trauma del aborto y las consecuencias para cada uno. Esa lectura de lo reprimido y el retorno en los ataques de ira de él y la depresión de ella. Esa sería una lectura que Lacan nos enseñó como la lectura que nos condena al desciframiento eterno y al sostenimiento de la vía del sentido es decir sostener al Otro, la vía del NP, a diferencia de la que venimos trabajando que es la de un saber hacer ahí, con eso que se tiene, y donde ya no hay Otro, pero si lo real de un goce no-todo. (3) 

 Tal como venimos tratando de pensarlo en la última enseñanza, es la máquina del sentido la que hace del aconteciendo trauma y no a la inversa, entendiendo que el trauma fundamental es el que introduce el lenguaje en primera instancia para el ser hablante. 

 El embarazo real rompe el arreglo que les permitía no solo estar juntos sino a cada uno resguardarse de lo real, guarecerse de la angustia de aquello que, aparecía más bien una especie de cuento sin ninguna encarnadura en cada uno 

Entiendo que lo que se recupera es ese arreglo. En esa larga tarde y noche que pasan juntos recorren esos arreglos y el cuerpo vuelve a sentirse.” Algo tenían esos dos chicos tontos. Sabían algo” es la frase que enmarca esta nueva vuelta, algo sabían, había una certeza allí que no es del orden del saber inconsciente es del orden del saber hacer. Ni hijos propios, ni galgos, ni cantante de rap, ni empleado de una empresa para él. Ambos atados a otro que les organiza la vida, un hombre mayor al que solo piensa en cuidar y para él la casa materna con su ropa de la adolescencia, las cartas y fotos de una época donde se armó el arreglo posible y al cual retornan ambos. ¿No son Amanda y Jim esos dos adolescentes que se animan a la tontería, es decir que pueden volver a vivir el disfrute de lo posible?  ¿No es entonces esta la ficción de la cual se sirven para divertirse e ironizar a cerca de aquello que no tiene ningún lugar en su vida? ¿No constatamos en la clínica la caída de esos ideales que hacen del matrimonio, el trabajo estable, la relación con el jefe, los hijos, sinthomas cada vez más en desuso?  

Amanda y Jim ponen en evidencia a través de la ridiculización de las escenas de la vida cotidiana de ese matrimonio ficticio, el carácter de simulacro, de rechazo pero que, sin embargo, deberían haber podido realizar. Así la película nos enseña de esa trampa, la idea de que hay una sola y verdadera carta a jugar, sin la cual la vida perdería sentido. 

 Lo que transcurre en esa noche muestra claramente lo que acontece cuando un saber hacer se descarta, podemos decir que cuando la vía del síntoma se malogra en pos de ideales que siempre comportan la mortificación de un goce sacrificial, las consecuencias se dejan ver. 

¿No es acaso la carta enviada efectivamente la carta que podían jugar? ¿Podríamos pensar que un análisis sería entonces la posibilidad de hacer valer las cartas de cada quien y no desecharlas sino poder hacer de esas cartas un uso lógico? Es decir, rescatar el valor de uso del sinthoma para cada quien y apostar a ese saber hacer despejándolo de los ideales, de las escorias del Otro que cada uno ha inventado y a quien se ofrece en sacrificio, para dar lugar a lo que de manera genial se evidencia en Amanda cuando dice “No hay nada que vaya mal en mi vida, pero hay una tristeza y no sé de dónde viene”, es decir para nosotros el misterio del cuerpo hablante, esa dimensión fuera de sentido que implica el cuerpo y su misteriosa manera de cobrar vida.  

 

Referencias: 

(1) Miller, J. A. En Dirección a la adolescencia. Conferencia de la cuarta Jornada del Institut de L Enfant. http://www.psicoanalisisinedito.com 

(2) Lacan, J. Seminario 24. Revista Lacaniana. 

(3) Lacan, J. Seminario 21, clase del 21 de abril de 1974. Inédito. 

 

 




 

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