Lengua, cuerpo, escritura
Encuentro del 26 de Abril de 2021
María Marciani – Lisa Erbin – Andrea Berger - Paula Szabo
Presentación del Seminario 2021: Arreglos y Desarreglos
María Marciani
Bienvenidas
y bienvenidos a nuestro segundo año del “Seminario de investigación
clínica sobre psicosis ordinarias”, este año con un subtítulo: “Arreglos
y desarreglos”, una vuelta más en la que haremos foco en esa dimensión
clínica, las invenciones de cada quien, es decir el armado singular de los
arreglos sintomáticos sus alcances, lo que se intenta bordear cada vez,
alrededor de ese agujero en lo real para el cual no hay saber; sus fracasos y
lo que develan también sus caídas.
Los desarreglos que implican esa dirección donde se conduce a lo peor, deriva que hay que saber leer. Arreglos que a veces se presentan como insignificantes y que con el tiempo se vuelven el sostén mismo del parlêtre. Dimensión clínica que hemos ido ubicando a lo largo de los tres años de trabajo en este grupo de investigación conformado por Alejandra Breglia, Andrea Breglia, Andrea Brunsteirn, Andrea Berger, María Eugenia Cora, Lisa Erbin, Cecilia Rubinetti, Paula Zsabo, Lili Zarensky y quien escribe.
Como dije una vuelta más, que ya es la cuarta, ya que este Seminario es efecto de dos años anteriores inscriptos en los Ateneos de investigación del ICDEBA, decidimos seguir dejando el termino investigación, no vamos a salirnos de ese camino, el camino del analista. Los analistas, cómo muy bien lo situó Eric Laurent, nos formamos para la práctica clínica, y esa práctica comporta un real inatrapable, que implica un saber a reinventar por parte de los analistas, cada vez en cada caso, a partir de la práctica.
Así al ras de la clínica, aprendiendo de cada caso que poníamos al trabajo en nuestros encuentros de los lunes a las 12, surgían siempre, en un clima de animada conversación: textos, referencias, recuerdos de conferencias, jornadas, congresos, esa clase que alguna escuchó y que permitía elaborar un punto, un detalle, ese que se pesquisaba, y que oficiaba de hilo del cual nos servíamos para afinar el lápiz y acercarnos un poco más a lo que en el hacer cotidiano son a veces intuiciones, percepciones, matices, que sin embargo, pueden cambiar un diagnóstico, una perspectiva y por ende una dirección a seguir.
Cada encuentro es desde ese inicio en el 2018 un verdadero acontecimiento, algo logramos ir pescando de los casos, algo también de los conceptos precisábamos, se nos hacían más amables, su uso se nos develaba con un poco más de claridad. La bibliografía se iba armando a posteriori y las clases tenían tres presentadoras que surgían también del enganche, de esa especie de pellizco que nos generaba el caso a cada una, sin listado previo, alguna quería hacer el comentario del caso y otra se entusiasmaba con un recorrido teórico. Con ese formato y después de un año de investigación transcurrió el año de dictado del ateneo en nuestra querida y añorada sede de la EOL, más voces se sumaron a la conversación y digo más porque ese encuentro era otra oportunidad más para seguir nosotras también dando otra vuelta.
Concluido el Ateneo en el 2019, y decidimos dictar un seminario diurno para dar continuidad a la investigación, el formato se había instalado y retomamos trabajando cada lunes los casos para arrancar en abril de 2020.
María Marciani
¿Qué
hacer? ¿Íbamos a poder seguir trabajando la clínica sin poder presentar casos? La modalidad del Zoom no nos daba esa chance, el sacudón fue tal que pospusimos el comienzo, para sostener la apuesta a lo que acontecía en nuestros
encuentros y de ese modo el arte, que formaba parte de nuestras conversaciones
tomó ahora el lugar principal. Personajes de películas, y de libros fueron, los
que nos dieron la posibilidad de seguir, vez a vez y en cada reunión la
modalidad de alojar lo que acontecía se nos hizo evidente, con el agregado
sorpresivo de que ahora los participantes del seminario se multiplicaban, como
se multiplicaron las voces de cada encuentro por medio del chat, Facebook e
Instagram, esos hilos armaban nuevas tramas y así llegamos al 2021.
No solo las películas sino también los libros eran bien recibidos y éramos nosotras las que esperábamos ahora el próximo encuentro, apostamos cada vez más al “happening de los lunes” del que salíamos con ideas, muchos títulos, autores y textos por revisar.
Así nos encontramos con Aurora Venturini, su personaje Yuna nos atrapó, tanto que nos fuimos dando cuenta que necesitábamos dos encuentros para hablar de ella, pospusimos a Joyce por Aurora. Aconteció. Sin duda alguna vuelta más le daremos en este encuentro con ustedes, los invitamos a sumarse entonces al happening de los lunes, que como precisa Miller en sutilezas analíticas implica nada menos que, “restituirle al momento su singularidad”. Podemos perder por un tiempo la presencialidad, pero no por eso la orientación, recibiendo también en nuestros encuentros la emergencia de lo singular, es decir lo que hace síntoma, lo que anuda, eso que nos permite sostenerlos aún.
En este encuentro van a leer sus escritos Lisa Erbin, Paula Zsabo y Andrea Berger en ese orden.
Yuna, hija de la pintura, un particular arreglo
Lisa Erbin
Arreglos y desarreglos fue el título que elegimos para nuestro seminario de investigación en el marco de las psicosis ordinarias para el año 2021. Con este fondo nos sorprendió, este verano de lecturas, la novela de Las primas (1).
Yuna, es el personaje central de la misma. Presentada desde el decir literario como “diferente”, “minusválida”, “error de la naturaleza”, “media mujer porque me fallaba o faltaba algo”, “descendiente de una gens degenerada y maltrecha por el mal de ojos”. Desde nuestro léxico del psicoanálisis podríamos decir: desabonada del inconsciente, desorden en la juntura más íntima del sentimiento de la vida, enfermedad de la mentalidad, psicosis ordinaria…
Arranco ubicando su relación a lalengua y al lenguaje signada por la metonimia, el escaso uso de signos de puntuación y la concretización: la palabra como cosa. Sabemos que cada sujeto tiene una particular relación a su lalengua y al lenguaje, agudizamos nuestra escucha en eso, en cada uno de nuestros consultantes. Yuna dirá: “Tantas ideas se atropellan y los puntos me fatigan…Si ponía puntos o comas perdía la palabra hablada…". “evitaba las lagunas silenciosas que descubrían mi incapacidad de comunicación verbal porque al escucharme a mí misma me confundían los ruidos de adentro de la cabeza…”. Escuchamos largas frases, sin puntos ni comas, una verborragia de difícil detención, una sutil hipomanía. Sabemos que el verdadero núcleo traumático en cada sujeto es su relación a lalengua. ¿Qué ha hecho, qué va haciendo esta sujeto frente a este trauma universal?, ¿cómo se las arregla si además suponemos que no cuenta con el andamiaje del Nombre del Padre? Pero cuenta con su sinthome que le dará la función de anudamiento, ese cuarto que da un “lazo enigmático de lo imaginario, simbólico y real” (2). Me interesa hoy proponerles pensar que la novela se trata de la historia de como una sujeto construye arreglos para lo que no se cura, para ese trauma-agujero troumatisme, arreglos temporarios que también veremos se desarreglan, siempre temporarios.
Entonces asistimos al armado de uno de sus arreglos: su particular pintar. Así ésta irá siendo una solución que le permite a Yuna una regulación de su goce, una paulatina modulación de su lenguaje y una reacomodación en sus lazos con los otros cercanos. Un recurso propio, una invención y descubrimiento a la vez, que no es por la vía simbólica sino por lo imaginario desplegado en telas y cartones. La construirá acompañada del profesor, en tanto él la alienta, la reconoce, la “sube al banquillo”, la nombra: “artista plástica ensimismada” y le “inventa” un nuevo nombre: Yuna Riglos al cual ella consiente y se apropia. Distinta mirada y enunciación de la de su familia de origen que le permitirá entonces irse despegando y tomando distancia de ellos y de sus dichos.
Me valgo de una cita de Miller en el artículo Lacan con Joyce, en el marco de una conversación de 1996 y me pregunto si la pintura puede pensarse como un “biombo que le permite poner tope a los ecos infinitos de lalengua” (3). En ese texto propone la idea de biombo para el lugar que la escritura ocupó para Joyce. El biombo permite una separación, divide, delimita espacios, protege. Me atrevo a afirmar que para este personaje pintar, ser pintora ocupa esa dimensión. A partir de lo que afecta su cuerpo hace obra, hace un escabel. Tomo las palabras de Yuna, la literatura tiene esa maravilla de decir con tanta claridad: “Así las cosas me entraron unas inspiraciones enormes y soñaba los hechos vividos transformándolos en figuras cada vez más coloreadas y preciosas que adentro de mi imaginación se movían y conversaban conmigo obligándome a que las sacara de adentro y las volcara en cartones y telas y yo era algo así un ser extraño y dependiente de los mandatos que aquellas formas o figuras indicaban tiránicamente y que si no les respondía mordían con dientes de vidrio mi cerebro y mi corazón cuando la vivencia significaba algo y obligaba ser vertida en una tela o cartón”. Creo que este párrafo transmite como el pintar se le impone, y así ella misma descubre y arma su arreglo con los efectos consecuentes de esto.
Si Lacan nos dice que Joyce es hijo de su sinthome, que su arreglo le arma un Nombre del Padre, ¿podemos pensar lo mismo para Yuna? Yuna hija de su particular arreglo pintura. Propongo esta línea.
Sin puntos ni comas
Andrea Berger
Las
Primas, de Aurora Venturini (1), es un
relato conmovedor y feminista, contado por una joven, acerca de los vínculos de
una familia, donde el foco ilumina a las mujeres.
Los hombres que aparecen quedan desdibujados, caídos, atrapados en las telarañas que ellas tejen incluso sin saberlo.
Es una historia de mujeres que se presentan con una discapacidad, física o psíquica, que no les ahorra fortalezas. Es a partir de sus “discapacidades” que nos enseñan cómo se las arreglan en la vida.
Entre dichas “discapacidades” hay una que queda resaltada y que se hace “estilo”. Es la manera en que la autora presenta a Yuna, la protagonista, con una forma de escribir muy particular, sin puntuación, evitando las comas y los puntos a parte.
Tal como Joyce, ambos usan un “estilo” que corroe la gramática, es decir, un orden establecido del lenguaje, una sintaxis al servicio de la comunicación.
Pero mientras Joyce con su escritura-lenguaje tritura la lengua, Yuna hace de ella una continuidad, sin puntos de capitón, sin pausa. Se produce así un deslizamiento de sentidos donde unos se suceden a otros, con cierta manía, pero no sin coherencia.
Dice que “sí para, descansa…el cerebro le hace ruido” (2). En cada punto y coma, su cerebro se llena de ruido, así como de visiones y pensares increíbles (3) motor de su creación.
Es muy interesante que, desde un punto de vista vulgar, no usar puntuación, podría indicar una cabeza llena de ruido. Así lo enseñaba Saussure, en sus clases sobre lingüística, cuando hacía referencia a la masa amorfa del significado previa a la escansión del signo lingüístico.
Sin embargo, Freud, en las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis (4) al abordar la noción de síntoma, lo separa del sentido vulgar. Se trata de no comprender desde un punto de referencia común sino buscar el detalle singular e incomprensible que encierra.
En Yuna, la puntuación, que es punto de capitón, escansión, tiene paradójicamente un efecto mortificador. El vacío se llena de ruido, le llena de ruido la cabeza. Y es allí, en su escritura misma que encontramos su defensa. Se defiende del ruido con una escritura con la que intenta vaciar el vacío que se le hace ruido.
Logra hablar un lenguaje común, lo que llamamos el lenguaje compartido, con momentos de puerilidad, literalidad y una necesidad de agarrarse del diccionario como un modo de referenciar las palabras, que por momentos se le escapan. Se aprecia un uso del lenguaje, con el cual relata lo que cuenta, pero sin interpretarlo. De esta manera, el síntoma que se presenta como vacío-ruido no refiere a un sentido, verdad a descifrar. No es un querer decir…No encontramos un delirio fantasmático, de que es ella para el Otro, ni psicótico con la fijeza inercial de la certeza.
Yuna, en consonancia con el último Lacan, resalta el síntoma como funcionamiento de goce: si descansa…el ruido invade su cabeza.
El “no parar” es un modo de reparar ese fenómeno intrusivo que se le impone.
Si bien cuenta acerca de su historia, de la familia, de su infancia, la relación con su hermana y primas, es decir, los vericuetos con el Otro, el síntoma devela otro núcleo. La esencia, el núcleo del trauma que está encerrado en el síntoma, no está en la “novela familiar” sino en su relación con la lengua, el goce y el cuerpo y esa es justamente la esencia del síntoma que nos enseña el último Lacan.
Miller, en el artículo Lacan con Joyce (5), se pregunta
¿Cuál es el verdadero núcleo traumático? Y responde: “No es la seducción, la amenaza de castración, la observación del coito, no es la transformación del estatuto de todo eso como fantasma…no es Edipo-castración. El verdadero núcleo traumático es la relación a la lengua”.
Es lo que Joyce pone en evidencia y Yuna también.
Es lo que el estudio del síntoma permite, no solo desde la perspectiva del sentido y sus embrollos con el Otro sino de su funcionamiento. Sin embargo, tanto Yuna como Joyce no dejan de lado al Otro.
Hay una diferencia entre el principio y el final del libro de Venturini en su “estilo” de escritura.
Si al principio no hace uso de la puntuación, a medida que se reconoce como artista a través de sus pinturas, con las que logra ser reconocida, va accediendo a los puntos y las comas. Es decir, los empieza a usar.
Comparte con Joyce, el hacerse un nombre con su arte, pero a diferencia de él, quien en sus últimos libros radicaliza su terrorismo con el lenguaje descuartizándolo, Yuna nos enseña otra variante. De cómo, a través de cierta consistencia que alcanza con “Riglos” el apellido de artista, logra apaciguar el goce mortífero del vacío percutando su cuerpo con un efecto en su escritura que da lugar a los puntos y las comas.
Mientras Joyce aspira a hacer trabajar por 300 años a los universitarios, en ella se produce, un efecto de escritura que denota una pacificación en el enganche con el Otro.
Con lo cual queda señalado un funcionamiento de goce que no deja de lado una relación al Otro.
Pues si bien el síntoma en su esencia no lo requiere…lo que nos enseña tanto Joyce, como Yuna, en “las primas” es como lo anudan.
Referencias:
(1) Venturini, A., Las primas. TusQuets. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2021.
(2) Ibid: p157
(3) Ibid: p119
(4) Freud, S. (1916), 23° conferencia, Los caminos de la formación de síntomas. En Obras Completas. T. XVI. Amorrortu. Buenos Aires.1998.
(5) Miller, J.A. (1996), Lacan con Joyce. En Uno por Uno. Revista Mundial de Psicoanálisis. Edición Latinoamericana. N°45. Primavera 97. Paidós. Buenos Aires, p21
Batiburrillo familiar
Paula Szabo
El
título de la novela ¨Las primas¨ abre paso al mundo familiar, las primas, una prima es hija de algún hermano o hermana del padre o la madre. Las Primas nos sumerge en el enredo familiar de Yuna. ¿Que se juega en esos enredos familiares?
“En los análisis la gente viene a hablar y habla de las cosas de su infancia. Pareciera que es el analista el que orienta a esos recuerdos de infancia, es a eso a lo que Freud orientaba al intentar cernir lo verdadero en el núcleo traumático. Pero si hay algo verdadero es que ese núcleo no existe. Lo que hay es el aprendizaje al que el sujeto ha sido sometido, el encuentro con la lengua, esa a la que llamamos materna. Entonces el verdadero núcleo no es la seducción, ni la amenaza de castración, ni la observación del coito, ni la transformación del estatuto de todo eso en fantasma, no es Edipo y castración. El verdadero núcleo traumático es la relación con la lengua”. 1
"El rigor más puro, la raíz misma de la relación con la lengua es que de ella deriva directamente un goce, sin pasar por lo imaginario, el semblante, la imagen, la representación, la articulación simbólica, la demostración, todo lo aristotélico de lo estético, …"2
Yuna en sus apuntes, como ella misma los llama, en este escrito que por momentos parece un diario íntimo, por momentos un diálogo con el lector, muestra de un modo extraordinario los desarreglo sutiles y ruidosos en los que ella trabaja constantemente. En su relato va contando de su familia, los lazos que sostiene con ellos, con cada uno. En su decir va deslizándose otro lazo, un lazo con la lengua. Va cobrando protagonismo ese partenaire con el que tropieza, se enreda, se cansa, se ahoga, se aturde, le afecta el cuerpo de un modo intenso. Ella va tratando de darle un nombre a lo que le ocurre, lo adjudica a la minusvalía familiar. Nombre que aprehende de la boca de su parentela y que padece cada uno de ellos de un modo distinto. En ella esta minusvalía se encarna en su dificultad con la lengua. Dificultad para hablarla, pero también para entender. La literalidad con la que ella se maneja muchas veces la deja fuera de la significación en juego, algo se le escapa, no llega a captar de que se trata, especialmente cuando algo de la sexualidad la rosa. Allí intenta entender algo recurriendo a las explicaciones de las primas, o la tía, o esas otras mujeres que la rodean. Recurre a esas otras mujeres en busca de ese elemento que permita captar eso que se le escapa.
Arma algo así como un collage de saberes que van emparchando el agujero de significación, que nunca llega. "Las ideas se me desparraman cuando intento describirla, son tantas y tontas, pero justo es reconocer que se trata de un personaje" dirá hablando de su tía.
El mar de equívocos que en el que la lengua nos baña puede ordenarse a partir de la estructura del lenguaje, la gramática y la ortografía. Esos recursos en Yuna cojean, recurre al diccionario, cada vez, va enriqueciendo su vocabulario, palabras que maneja, pero se le desparraman las ideas dejando al desnudo la pobreza estructural. Los puntos la turban, la agotan producen un efecto corporal difícil de soportar. ¿Cómo entender esto?
Ahí donde el punto de almohadillado abrocha, una significación apres-coup surge, es esa detención en la cadena la que ordena la significación. En la elaboración clásica es allí donde surge la noción de Nombre del padre como aquello que permite captar la significación fálica, estabilizando el mundo de las significaciones, el niño logra dar un sentido al deseo de la madre, a la pregunta por el deseo materno. Eso que la lengua llamada materna (lalengua) hace resonar en el cuerpo fuera de sentido, con su dimensión angustiante, logra enlazarse, abrochar una significación. Es el síntoma llamado Nombre del Padre el que en las neurosis arma ese cuarto nudo que estabiliza.
Yuna nos enseña otros modos de abrochamiento, que alternadamente le permite estabilizar alguna significación y ordenar su mundo a falta de un ponto de almohadillado normal, común, como lo es el Nombre del Padre. Nos muestra su modo de colmar el punto de almohadillado que faltaba.
En Yuna el enjambre se hace escuchar a cada párrafo, sus artificios son variados.
"tenía en la cabeza líos enormes que volcaba en los cartones y así pinte un cuellito delicado del que pendía la cadenita de la Virgen de Luján…"
El dispositivo de Yuna
La pintura es el artificio más logrado para Yuna, ahí donde el eco semántico la aturde, cuando una palabra hace vibrar lalengua hay algo de la vibración misma que ella fija en sus cartones, como si las ondas sonoras invisibles se pudieran plasmar allí. El recurso imaginario, sus cartones son su punto de almohadillado, el recurso que inventa para abrochar los tres registros.
"Yo solo vivía para sentarme y pintar y el mundo circundante desaparecía dejándome en una preciosa isla de tonalidades. " 3
Es su tentativa de pintar en lo imaginario algo de lo real. No pasa por la articulación S1-S2, ni por sus efectos de significación. El inconsciente como elucubración de saber superpuesta a la lengua no es el recurso del que se vale para tratarse con ella.
El tratamiento que hace de la lengua es imaginario, hace una manipulación imaginaria de lo real con la que logra un nuevo abrochamiento, obtiene un goce soportable, debemos suponer que se satisface de algún modo pintando. Pero no solo eso.
Sus pinturas le dan un nombre Yuna. Se desprende del apellido paterno primero, del artístico después. Con sus cartones se da un nombre. Al modo Joyceano podemos pensar que con sus pinturas no solo obtiene la producción de un síntoma, sino que da la llave de su ser. El verdadero Nombre del Padre ha sido su nombre de pintora, es su producción la que le permite reubicarse en el significado que le faltaba. Es con este dispositivo que va librándose de los ecos amenazantes de la lengua pintando en sus cartones.
Los semblantes paternos que describe son siempre grotescos, parecen una ironía del padre. El profesor, quien encarna un lugar fundamental para ella en un comienzo, por ser él quien eleva a la dignidad de la cosa artística “esas rayas que no eran nada” para el otro familiar, termina siendo José Camaleón, un hombre sin asco, ni vergüenza, que se camufla según la ocasión.
Yuna nos enseña del trauma, pinta la incidencia de la lengua sobre el ser hablante sin camuflarlo bajo fantasmas.
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