Solita y sola

 

Encuentro del 31 de Mayo de 2021

Liliana Zaremsky – Andrea Brunstein – Alejandra Breglia



Las Amigas, de Aurora Venturini  

  

Liliana Zaremsky  

 

Dos reuniones dedicadas a Yuna (1), dos libros tomados como una unidad, dos polos temporales de su existencia. El devenir entre ambos textos (2) nos permite observar los arreglos sinthomaticos que se van produciendo a lo largo de toda una vida.  

Pensamos Yuna con Joyce, y en ambos casos verificamos que el trabajo para suplir lo que falta no se hace de una vez y para siempre. La lucha destinada a la construcción de diques para contener el empuje pulsional es constante.  

En el Seminario dedicado a Joyce (3), Lacan propone una nueva perspectiva para pensar el arte, y en especial la escritura. Lo novedoso, es que lo separa de la sublimación freudiana, y lo coloca en relación con el sínthoma. Ya no se trata de uno de los destinos de la pulsión, sino de un artificio, una invención en el lugar de un agujero. Sin la idealización de la cultura, lo que nos llega "...desde lo profundo de los siglos como surgido del artesano...no solo hace que subsista su familia, sino que la vuelve ilustre".  

Ya desde el prólogo, se anuncia en “Las amigas”, que Yuna escribe “al borde de la extremaunción”, y que Alejandra Pizarnik como fantasma y tutora, está presente con sus poemas: “Silencios, la muerte siempre al lado, escucho su decir, solo me oigo.” (4)   

El dolor de existir resuena a lo largo de ambos textos, con variedad de formas y vestimentas.   

En el origen, lo horroroso y abyecto, lo repulsivo. Niña monstrua, rota, minusválida, fijada a lo macabro del mundo.   

Su escritura, orilla el precipicio. A medida que escribe traza un borde al vacío sin límite de lo Real aniquilante, y sin signos de puntuación, una catarata irrefrenable de palabras atempera los tormentosos sonidos del silencio.   

“Siempre el mismo sueño horrendo de soledad y muerte. Mi vida a nadie importaba”  

Allí, en la juntura íntima del sentimiento de la vida, un desorden central. (5)  

Su pintura, exorciza los demonios que la atormentan, y el mundo externo solo adquiere valor cuando encuentra alguna motivación que lo eleva a la calidad de pintura.   

Su arte, y hacerse un nombre de artista, solución/suplencia que supo inventar, le permite otro modo de estar en el mundo, obteniendo premios y reconocimiento. Y aunque confiesa que en sus viajes algunos hombres se le acercaron, siempre se mantuvo alejada con la certeza de que el amor haría que las aguas desborden las barreras construidas. “El amor no hace sino deshace.” “Mejor es quedarte solita…que nadando en este …mar de insensateces.”  

Para Yuna la relación con el Otro es un escenario difícil de habitar. El contacto con otro la desequilibra. “Prefiero estar con mis telas y no con la gente”, dice en un momento.  

“Amigas” es el nombre de una serie de relaciones desencontradas con mujeres, por fuera de la familia. Espectadora de sus escenas, y sus fracasos amorosos. Yuna las aloja, les ofrece lo que tiene, las observa intentando encontrar en ellas algo con lo que armar algún soporte imaginario, pero siempre se desilusiona.   

Así, resuelve que Antonella solo llegue a la categoría de visitante. A Flavia y Fulvia, las mira, no comprende, les busca el parecido, quiere ahondar, intentando entender qué empareja a una pareja de mujeres. De pronto las ve marcharse, y en la imagen instantánea de sus meñiques encadenados, infiere que eso es estar enganchado. Concluyendo que ella, que “jamás enganchará con nada ni con nadie”, no tiene nada para decir.  

Podríamos decir que Matilde, una presencia intermitente a lo largo de su vida, es con quien más se pone en juego. Se decepciona varias veces, pero le vuelve a dar oportunidad. Yuna la interroga, la reprende, le reprocha. Compañeras de estudios en Bellas Artes, pintora como ella, la sigue hasta el geriátrico. Corrobora en el espejo de Matilde la certeza de los estragos del amor. Acostumbrada a aceptar fatalidades, dice que la peor fatalidad es su falta de equilibrio ante lo común, y que con Matilde podría enojarse, zamarrearla, darle un cachetazo, o darla por muerta.  

Ha llegado a un punto en el que, bajo su aparente desinterés, “se funde el metal del odio.”   

Se dice a sí misma: “Nunca fracasaré por no ser un ente afectivo ni afectuoso.” “Me siento hielo entre los hielos del aislado Polo Sur.”   

Soledad radical, de una mujer mayor que sabe, tal como afirma, que ha cumplido su finalidad en su intento de “borrar y borrar” el espanto, pero… “mi universo de fantasmas patéticos suele insistir en destapar su sésamo”. “… el cogollo de la monstruosidad…perdura, y en más de una ocasión domina…”    

Reconoce que tiene una “piedra en el pecho”, y que su corazón atormentado “deslía piedrecitas heladas a lo largo y a lo ancho de su torrente sanguíneo” y agrega que su “vida está muerta encima de su propia tumba vacía.”   

Si bien las ideas de muerte sobrevuelan en ambos textos desde el principio al fin, no encontramos la melancolización que podría llevarla al pasaje al acto. Cuando llega al punto culminante, Yuna le hace un corte de manga a las ideas de suicidio, y con un comentario irónico, se coloca del lado de los vivos.   

Podemos imaginarla, como Joyce, riendo con ganas cuando escribía.  

Pero, sería un error tomar eso como un witz, ya que no va dirigido a ningún Otro.  

La ironía denuncia que el Otro es un semblante, dice J.A.Miller. (6) “Es la forma cómica de decir… que el lazo social, en el fondo es una estafa”.  

Etimológicamente, deriva del griego 'eirōneía' que quiere decir burla disimulada, o ignorancia fingida, y como forma literaria permite dar a entender lo contrario de lo que se está diciendo.  

Para Yuna es un recurso. Y aunque la solución irónica lleva en el orillo la marca de sus tormentos, la risa, la vitaliza, y por un rato le aligera el cuerpo.

“Mis ciclos ya con casi 60 años habían perdido fuerzas”, dice. “Morir por ahí sin que nadie reclamara mis huesos resultaba desagradable, por eso ya había pagado mi cremación en una funeraria paqueta de La Plata. ¡Un lujo hay que dárselo en vida!”   


  

Referencias:

(1) A.Venturini. Las Amigas. Ed.Tusquets   

(2) A.Venturini. Las Primas. y A. Venturini. Las Amigas. Ed. Tusquets  

(3) J.Lacan. Seminario 23. El Sinthome. Pág.23  

(4) A. Pizarnik. Poema: “Silencios”  

(5)  J.A.Miller. Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria. www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/015/template.php?  

  

 

 

Ojalá no te enamores

          

                                               Andrea Brunstein  

Y otra vez Yuna… Personaje que atrapa, que nos atrapó por eso no nos alcanzó con una reunión, decidimos darle más lugar, lo merecía.  

A cada una nos fue llevando a interrogar distintas aristas de este personaje, en mi caso, me interesa particularmente la relación de Yuna con el amor, mejor dicho con el No amor.  

Quiero detenerme en como Yuna se arregla para armar un borde y decir no a todo lo relacionado a los hombres y al amor, ya que nos enseña claramente que, para ella del otro lado del borde, está el estrago.  

Lo va dibujando en la versión de “Antonella” (1), cuyo padre la viola y ella mata el producto de esa violación, lo hace en las Primas (2), donde la prima es abusada y ella termina cortando el pito de su abusador y también con su profesor, personaje fundamental en su vida, pero que termina siendo llamado por ella “José Camaleón” quien también abusa de su hermana minusválida. Hay una fuerte versión de Yuna donde los hombres son peligrosos, abusan y desarman la vida de una mujer.  

Pero en este caso quiero profundizar en la relación de Yuna con “Matilde”, ya que creo que es de la mano de ella con quien más se ilumina este rasgo.  

Yuna se nombra como minusválida dando un nombre así ya sea a su dificultad con las palabras y con su modo de expresarse, sino también a su minusvalía afectiva. Sin embargo, sabe arreglárselas, con arreglos que le funcionan cada vez. Su casa de La Plata, es un lugar donde sus amigas llegan le tocan la puerta y ella la abre, pero luego decide hasta donde entran, algunas sí, otras no tanto, “decepcionan”. La que sí tiene un lugar en su casa y en su vida es Matilde.   

Ella la presenta como “mi compañera que significa amiga del alma casi hermana”, relación importante para Yuna Riglos, amiga pintora como ella, con quien arma un soporte imaginario en el que ella se detiene a observarla, mirarla; “ella no se preocupaba por detalles de ropa calzado y peinado pero su belleza superaba estas superficialidades que a mí me ataron a una sociedad que nunca me atendió”.                                                            

Esta relación para Yuna fundamental, tenía un mal…  era su estado de muerta de amor por un señor, y esa relación la de Matilde con ese señor es la que a lo largo del libro la va llevando a terminar borracha, desarreglada, gorda, con la mirada perdida, durmiendo en la calle.  Es lo que observa Yuna a lo largo de esta historia y dice: esto a mí no me va a pasar. El estrago que implica para ella la relación a un hombre es a lo que ella dice no, y lo dibuja bien a través de Matilde.  

En varias oportunidades en el libro, se pone en juego cierta interrogación que ella se arma bordeando el tema, “en fin yo nací solo para pintar y eso me ha salvado de caídas en andurriales o lo que fuera como a Matilde”.  

Ve a Matilde totalmente borracha en su casa, con una mirada que no mira y se pregunta, ¿esto es lo que hace el amor?, y se dice la conclusión es que el amor no hace sino deshace. Nos da un dato clave de su arreglo, “Nunca fracasaré por no ser un ente afectivo ni afectuoso y no inspirar siquiera aceptación en el prójimo ni sentir al prójimo digno de tales esfuerzos sentimentales”   

Es interesante leer como nos ilustra Yuna su dificultad en la significación de la no equivalencia en la relación sexual, ya sea cuando no entiende palabras en relación al sexo, “que cada cual haga de su vida un pito y eso lo decían en mi casa y nunca dilucidé el significado”) o la pareja de Flavia y Fulvia, “La pareja como las llamó siempre Matilde estaba tan distraída que aproveché para buscarles el parecido que las emparejara, pero no había caso eran muy distintas…”  o como intenté ubicar hasta ahora, como se le torna estrago la relación a un hombre.  

La tela y la danza  

Utilizo el nombre de un capítulo del libro que me resulta conclusivo.  

Vuelve Matilde a casa de Yuna, muy borracha y totalmente perdida. Comienzan una discusión donde Matilde le recrimina que ella nunca amó a nadie y por eso no entiende, pero llega a decirle: “Yuna sos una criatura sin género ni especie inclasificable, un fenómeno, no sé para qué naciste si no evolucionaste …inservible morite para dejar lugar a un ser útil, si morite Yuna Riglos que ni el apellido es de tu pertenencia”.  La respuesta de Yuna es encerrarse y ponerse a pintar, mientras pinta se le vienen esas palabras, se le vienen palabras también de su madre  “aborto de la naturaleza” y pinta, pinta con todo su cuerpo, dice que ella ya no es quien pinta el cuadro sino que es el cuadro quien la pinta y que será un cuadro oscuro y siniestro y cuando como espectadores leemos todo este fragmento, se nos presenta que es la caída de Yuna ; pero en el momento menos pensado dice refiriéndose a su cuadro: “ En la próxima exposición ocupará el mural del inicio y resplandecerá”.  Otra vez Yuna se las arregla mediante la pintura para no caer.  

Para terminar  

En el último capítulo del libro Yuna va a ver a Matilde al geriátrico, la encuentra con tres mujeres más, las cuatro sentadas, adormecidas. Ella, una vez más como observadora, las nombra “Las cuatrillizas” y se pregunta, cual será Matilde, pero se dice que no desea saberlo. El final del libro al igual que su tapa toma lo idéntico entre mujeres, me pregunto, aunque no tengo una respuesta cerrada es si el No de ella es lo que a ella le provoca la diferencia.  

 

  

Referencias:                                                                                  

(1):Venturini, A. Las Amigas,  Tusquets, Buenos Aires, 2020.  

 (2) Venturini, A. Las Primas, Tusquets, Buenos Aires, 2021.  

  

  

 

 

Solitario final  

Alejandra Breglia  

  

en esta noche en este mundo   

las palabras del sueño de la infancia de la muerta   nunca es eso lo que uno quiere decir  

la lengua natal castra   …  

 el resto es silencio   

sólo que el silencio no existe  

las palabras  

 no hacen el amor  

 hacen la ausencia (1)  

  

Yuna ya no es la joven que enLas primasse disculpaba por sus problemas de puntuación, aunque todavía la fatigan por momentos; ahora atrapa los vocablos por su peso y los adjudica “tal vez a veces no muy en acierto” (2).   

Ella que no es escritora -como aclara incansablemente-, es pintora y una mujer viajada a la que no le hace falta el diccionario, pues ahora el vocabulario “lo tiene bien expuesto impreso en su memoria.”  


A lo largo de su relato vamos pudiendo aislar signos discretos que estarían indicando una falla del anudamiento borromeo, ubicamos así: el “run-run de su cabeza”, el modo metonímico del habla-escritura, la literalidad con que aborda algunos asuntos, su particular relación al lenguaje, el asco y las náuseas descriptas que no dan cuenta de un retorno de lo reprimido.   

También, podemos leer ciertos índices de solución en: la distancia radical que establece con su propia sexualidad, ese apellido que “se saca de encima” por ser signo de todo el estropicio, el reiterado intento de borrar que no refiere ni al olvido ni a la represión.  

Pero sin duda, Yuna se “soluciona” con la pintura, en palabras de ella nos dice: “cada uno tiene derecho a solucionarse según su ciencia y paciencia y cuando la ciencia falla hay que recurrir a la paciencia y si falla la paciencia…”  

Como trabajamos en el anterior encuentro lo traumático está localizado en la relación con lalengua y advertimos el tratamiento que efectúa el parlêtre sobre ella.   

Yuna arma un sinthome sirviéndose de la pintura, es un arreglo singular, su síntoma. Con su ser de artista obtiene un goce que la saca de la minusvalía, de la imbecilidad, como se veía ella en el mundo. Podemos especular que con ese arreglo adquiere otra consistencia corporal que le permite un ir y venir, viajar a distintos lugares, cierto roce social, dar clases en la universidad, tener amigas de la pintura. Siguiendo esta línea del sinthome: el imaginario adquiere consistencia, el simbólico se ordena, algo del sentido de la vida se inyecta y produce un acotamiento del goce.   

El lenguaje que habla Yuna es la lengua de la pintura, es la lengua que “chorrea” en la pintura. Advertida como está que nació para pintar, sólo siente “hambre de pintar” y eso será así ya que para la plástica “nació predestinada”. La pintura tiene para ella “ese particular y sanador efecto de hipnosis permanente” hasta el final.   

Yuna Riglos es su nombre de artista, nombre que un día le puso el profesor “camaleónico” y que adoptó “por conveniencia tirando por la ventana de la casa de mi existencia el vulgar apellido López, un linaje a la vez anónimo y oscuro, el nombre de un estropicio social”.  

Es Yuna sin López, “Yuna liberada”, borrado el nombre familiar, elige pintar los “cuadro de este revoltijo”, donde reproduce los nuevos dramas ajenos que todo el tiempo parecen perseguirla y pinta las historias de otras: de su vieja amiga Matilde, de Flavia y Fulvia, de Antonella.  

Así como Joyce desarrolla su obra para compensar la “carencia paterna” (3) y gracias a su ego ensamblado con el sinthome de la escritura, llega a “hacerse un nombre” que “valoriza en detrimento del padre” (4) logrando sostener su ego en el nombre de escritor que se “vuelve un libro” (5); propongo seguir esa línea para ubicar que Yuna se sube al banquito Riglos logrando con eso hacerse un nombre. Que no intenta inscribirse en una genealogía ni marcar un comienzo nuevo para que los universitarios se dediquen a estudiar su obra durante 300 años -como fue el interés de Joyce-. Pero que cada vez que vende una obra o gana en un concurso o expone en una muestra, su ego se sostiene en ese nombre de artista. La pista nos la da la misma Yuna cuando se interroga si “con el apellido de entrecasa” –López- no se “derrumbaría todo lo conseguido resultando ser un mero sueño”, aunque ignora si sus cuadros se venden por el “valor intrínseco o por la firma Riglos”, sabiendo que Riglos no deja de ser un “antifaz”, no se propone dejarlo.   


Hacia el final de la novela aparece otra versión de Yuna: el contacto con otros la “desequilibra”, se percibe “siniestra”, “hielo entre los hielos”, siente que va desmejorando de habla y escritura y que “el signo la ha derrotado”. Podría leerse que el elemento que hacía de enganche al otro se soltó o al menos se debilitó y el “quedarse sola” toma la forma de una solución.  

Es notable que “no desmejore en la pintura”. Ama a cada uno de sus cuadros, es activa en sus pinturas y “lo de la minusvalía ahí no se nota”.   

Sin embargo, algo se acelera, su cuerpo delgado huesudo que vive de la pintura, pasa horas de navegación furiosa “desarticuladora”. Pinta usando “todo su cuerpo por pincel”, tirada en el piso, confiesa un cierto abandono de su cuerpo, que ya no moverá del atelier, pierde el interés del ir y venir, como del “tiempo de descanso.”  

Nos dice que ya no es un cuadro pintado por ella, sino que “es el cuadro quien la pinta”.  

Se afirma en su solución de no sentir nada en absoluto y no extrañar a nadie, cierra la puerta a los golpes de las que fueron sus amigas, sabe que está mejor sola y se aferra a eso.  

Cuando ya no le queda nada ni nadie el cuadro le grita: “Yuna Riglos te quedo yo”.  

  

Referencias: 

(1) Pizarnik, Alejandra. “En esta noche, en este mundo”, es un poema de «Textos de sombra y últimos poemas» (1971-1972)  

(2) Venturini, Aurora. “Las amigas”, Tusquets, Buenos Aires, 2020  

(3) Lacan, Jacques. El Seminario Libro 23, El Sinthome, Paidós, 2006, Buenos Aires, pag. 92.  

(4) Idem, pag. 86.  

(5) Idem, pag. 68.  

 

 

 

 

               

  

 

 





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