"Instante eterno" 'Errancias-arrebato-cuerpo'

 

Encuentro del 30 de Agosto de 2021 

Lisa Erbin – Alejandra Breglia – Andrea Berger



Lol y la búsqueda de un tiempo perdido  

  

Lisa Erbin   


Tiempo 0:  

De la infancia y juventud de Lol en S. Tahla tenemos muy pocos datos. Sabemos que su padre era profesor universitario, no mucho más…tenía un hermano nueve años mayor que ella y de su madre nos enteraremos apenas un poco más durante la novela. Le gustaba bailar, lo hacía con su amiga Tatiana, solas las dos en el patio del colegio.  

A sus 19 años conoce a Michael Richardson, que tenía seis años más que ella y una muy buena posición económica, con quien programa su boda. Era él quien se había encandilado con ella. En esa coordenada, faltando unos meses, acontece el gran baile en el Casino Municipal.  

Si nos dejamos llevar un poco por el juego de tomar al personaje como un caso clínico podríamos decir que no contamos con un relato, una escritura que arme una historia, historizar el mundo infantil no se vuelve posible. El lector debe hacer un esfuerzo por armar una trama, hay piezas sueltas solamente.   

Me interesa destacar ese tiempo antes del arrebato. Siempre intentamos escuchar y captar en nuestros analizantes “ese tiempo antes”. “Algo le faltaba a ella para estar ahí” (1) “vacuidad” desde hacía mucho tiempo, pero esto no se exteriorizaba porque “estaba rodeada de mucho afecto en el colegio y en su familia”. Parecía siempre como ida, en nada, su corazón no estaba ahí, no se apenaba ni sufría, indiferente: “glaciar”. Ella misma “se escurría, como agua entre las manos”. Era bonita, divertida y aguda. Intentaba siempre parecerse a alguien. Ahí ubicaría una suerte de arreglo o solución que Lol había encontrado: distancia, congelada, ida y algo del parecerse, semejar al otro: una identificación masiva como compensación imaginaria de algo que vacilaba en ella.  “La enfermedad estaba ahí sin exteriorizarse, pero se incubaba” …nos dice la escritora.  

Tiempo 1  


Podríamos decir que esta novela describe un acontecimiento: el arrebato. Arrebato, rapto, arrobamiento. Busco sus acepciones en diccionarios, encuentro: llevarse alguien por las fuerzas; ligado a los místicos toma la acepción del alma captada por Dios, por una fuerza superior a la que no se puede resistir. Otra acepción: estado de una persona transportada por la admiración o alegría. Hay un doble movimiento: por un lado, el arrebato es expulsión del sujeto de su cuerpo, pero a la vez éste asiste a este movimiento y es contaminado por él.   

Se trata de una escena en la vida de Lol que marcan un antes y un después. Acontecimiento es como lo llama Lacan. Una escena de tres, Lacan dice que Lol no puede contarse de a dos, “se cuenta de a tres” (2), es un “ser de a tres”. Lol es la que observa el arrebato de su pareja por la otra mujer, la mujer del vestido negro. En esa caída de la mirada de su amado, se abre un abismo para ella. Su cuerpo cae. El cuerpo de la otra mujer aparece poco a poco y el de ella es reemplazado ante este hombre. El vestido negro queda recortado. Parece destruirse su mundo simbólico. Queda sin palabras.


¿Momento de despersonalización? “Lol los siguió con los ojos a través de los jardines y cuando no los vio más cayo por tierra, desmayada”. No existe la palabra que pueda hacer existir eso que acontece a Lol en ese instante, Lol carece de ella, nos dice Duras y pareciera estar aludiendo a lo que ubicamos en la ausencia de metáfora paterna, la forclusión, ese agujero que da pistas de la estructura. “Faltando, esa palabra estropea a todas las demás por el hecho de faltar…”  

Ella no cuenta con un fantasma que le permita sostenerse, no despliega este como forma de velar la escena y darle significaciones que se desplieguen como podría ser celos, escena de desplante y rabia. Esto sería la novela histérica. La escena toma un estatuto de real. Desenganche, desarreglo, desencadenamiento podrían nombrar ese momento. Lol permaneció varios días en su habitación encerrada. Repetía una frase y decía su nombre con enojo. Dejo de hablar. No respondía preguntas, “era un desierto”. De pronto comenzó a comer, quería que abrieran las ventanas, a soñar, empezó a escuchar lo que se hablaba. Pero nunca pregunto por la pareja de la escena ni por nadie... En su primera salida a la calle, en sus deambulares, medio escondida, conoce a Jean Bedford. Él será su marido, un músico ensimismado en su instrumento, y con él tendrán tres hijas. Acontece una mudanza de pueblo, armado de una casa y una vida muy ordenada: “un orden glacial y rutinario”. Esta entonces, una nueva solución o arreglo que arma ahora ella. Lola Valerie su nuevo nombre. Durmiente viva. Calma. La imitación como compensación imaginaria funcionará nuevamente como un recurso. Así vive 10 años. Algo se le ordena. Dos puntos voy a subrayar: no pregunto nunca por sus personas cercanas. No lloro frente a la muerte de sus padres. Distancia afectiva. Todos lo atribuían y dotaban de sentido ligándolo al arrebato que había sufrido. ¿Pero qué era esto?  

Tiempo 2  

Lol vuelve a su pueblo, a su casa de infancia, luego de la muerte del padre y transcurridos 10 años. Arma su casa igual a la anterior, mismo orden glacial. Una tarde gris ve pasar desde su ventana una mujer que llama su atención, no iba sola, un hombre la acompañaba. Luego sabremos que se trata de Tatiana y Hold. Dos palabras quedan resonando: muerta, quizás. Mirada y escucha.  

Esto le hace signo a Lol., la inquieta, la revuelve en sueños. ¿Se trata de una alusión, de una alucinación? Sutil detalle que no podemos dejar de subrayar, ¿pequeño fenómeno elemental? No lo colma con sentido, queda ahí, pero genera algún impacto en su cuerpo que la llevará a la deambulación: “aprendió a caminar sin rumbo”. Algo en el cuerpo la liberaba y empujaba a devenir en mujer errante. Su deambular será solitario, sin reconocer a nadie en sus recorridos. Estaba en la misma ciudad, pero “sin disponer de nada, de ninguna señal que testimoniara de sí misma…sin pruebas en las que apoyarse”. Ubico ahí nuevamente ese agujero, vacío, algo con lo que no cuenta para poder simbolizar y de esa forma también regular ese goce en exceso en su cuerpo. Recién recobraba su alegría en los regresos a su casa, con el orden que ahí había. Algún fenómeno de armado de cuerpo se le realizaba en esos momentos. En sus deambulaciones seguirá a él, aunque ignora que es una forma seguir a ella. Seguir las miradas que el hombre hace a las mujeres y así llegará hasta el hotel y repetirá la escena de mirar, echada en el campo de centeno, la ventana del hotel donde ellos se encuentran. Todo esto “sin saber qué hace ella ahí” Mira el busto de los amantes, el pelo, el beso. Pero no se trata de mirar solamente, “lo que pasa la realiza” (3) nos dice Lacan. Realiza su fantasma. Ella no es voyeur. Ya Alejandra Breglia tomó extendido este punto en su escrito. Solo diré que se trata de otro nuevo arreglo: Mirar la escena de los amantes. Arreglo, pero no estabilización, veremos más adelante…  

En todo este recorrido Lol no está angustiada nunca, está fuera de cuerpo, está fuera de sufrimiento después de la escena 1, donde todo se ha quedado detenido. ¿Podríamos describirla como desafectada? ¿Anestesiada? ¿Arrasada, devastada? ¿Cómo nombrarlo? Miller nos propone una lectura de lo ahí acontecido: El no asistir a la escena del cuerpo desvestido, luego de finalizado el baile, le impide, le dificulta a Lol dar un cuerpo a su cuerpo, un cuerpo de deseo (4). Se encuentra desvestida, desvestida como sujeto, vacía. Busca el equivalente de ese cuerpo en la mirada de los hombres que se dirigen a las mujeres, espía a ellos mirando mujeres. Y agrega “la identificación narcisista no se cumplió en Lol, quien, para encontrar su cuerpo, e incluso hasta la imagen de sí, tiene que pasar por el otro” (5). Lol mira a Hold y Tatiana en la escena del desvestir de los cuerpos y hace que la escena se produzca, ve la escena no vista. Pero ella está como estática. Se arma un nuevo ternario: Lol, Tatiana y Hold.   

Al final de la novela, en ese viaje que emprenden en tren hacia la playa, quedará más claro que ella no podrá sostener el lugar de poner su cuerpo en la relación con Hold. Ella no cuenta con su cuerpo. Queda quieta e inquieta cuando quedan de a dos. “La crisis está ahí”. Ahora estamos ante un nuevo desenganche, desarreglo. Entonces ese dialogo de puras certezas.    

“La policía esta abajo.  

No la contradigo  

-Golpean a la gente en la escalera.  

No la contradigo.  

No me reconoce en absoluto.  

_No sé quién es?  

Después no acierta a identificarme.  

_Nos vamos…”  

“No hay diferencia entre ella y Tatiana” termina diciendo Hold.  

Y sumo a la escena de a dos, la escena desestabilizadora, el empuje de Hold a hacerla hablar de aquel primer hombre. ¡Esto también nos enseña bastante! Este personaje, Hold,. de holding: el que agarra, sostiene y sumaría: ordena y da sentido, termina empujando a Lol, con esa dirección, a lo peor. Ser comprendida no le conviene a Lol, la novela nos enseña de lo patético de la comprensión. Él mismo nos lo dice, “invento eslabones que faltan en la historia de Lol”. y reconoce que su fin es “abrir las tumbas donde Lol se hace la muerta” aunque se da cuenta que ella hubiera preferido paliar todo esto. Hold se orienta por su deseo, está en tanto sujeto, hay una causa que parece empujarlo en tal o cual dirección y desde ahí empuja a Lol. Me permito entonces reflexionar sobre la posición del analista y el deseo del analista como lugares opuestos: la sujeción completa a las posiciones subjetivas del analizante y el deseo de no deseo. Entonces podríamos ubicar otro arrebato en la novela: el de Hold a Lol.  

 

   

Referencias:  

(1) Duras, M., El arrebato de Lol V. Stein, Tusquets editores, Buenos Aires, 2010.  

(2) Lacan, J., Homenaje a Margarita Duras, por el Arrobamiento de Lol V. Stein, Otros escritos, Buenos Aires, Paidos, 2001, p. 209.  

(3) Lacan, J., Homenaje a Margarita Duras, por el Arrobamiento de Lol V. Stein, Otros escritos, Buenos Aires, Paidos, 2001, p. 213.  

(4) Miller, J.- A., Los usos del lapso, Paidos, Buenos Aires, 1998, p.418.  

(5) Ibim. p. 420.  

  

 

  





LOLA VALERIE ó cómo articular cuerpo y mirada. 

 

Alejandra Breglia 

 

La novela está contada por un narrador omnisciente, que va ordenando cual “piezas sueltas” relatos acerca de la vida de Lol, ofreciendo al lector una versión de los hechos, a veces con dudas, otras con suposiciones. Promediando la novela nos enteramos que es Jacques Hold quien arma este rompecabezas de la agitación de Lol, “desde el amor”. (1) 


La ficción puede escandirse en dos tiempos y un intervalo, que permiten ordenar una cronología difícil de seguir por momentos, mostrándonos a la protagonista a los 19 años, un intervalo de 10 años del que hay pocos detalles, y sus 29 años.  

El primer tiempo puede estar articulado por el ternario: Lol-Michael-Anne-Marie; y un segundo tiempo armado en torno a: Lol-Tatiana-Hold. 


A sus 19 años, Lol termina el colegio, conoce a Michael Richardson de 25 años, se ponen de novios, y fijan fecha de casamiento en ese otoño venidero. 

Acontece entonces el Baile en el Casino de T. Beach que puede ubicarse como momento de quiebre, de escansión, de antes y después para Lol.  

Lo que rápidamente sabemos es que estando en ese baile llega Anne-Marie Stretter y Michael se fascina con ella. “Ellos partirán juntos al final de la noche y todo ocurre, verdaderamente, a la vista, no solamente de Lol, sino de la de todos.” (2) 

Lol, había mirado toda la escena recluida detrás de unas plantas -tomada de la mano de su amiga Tatiana –y, cuando llega su madre a rescatarla, grita y se desvanece.  

Luego de esto, se recluye por varias semanas en su casa, en un estado de aparente perplejidad, en la cama, con las persianas cerradas, sin salir, sin ver a nadie, sin hablar.  

Sin embargo, hay un antecedente que Tatiana describe, ella no cree que el “baile fuese el único impulsor de la locura de Lol”. “A Lol le faltaba algo, ya estaba extrañamente incompleta, había vivido su juventud como una petición de lo que sería pero que no llegaría a ser” “Lol se escurría de entre las manos como el agua…siempre ida lejos de ti y del momento presente. ¿Dónde?  ¿En los sueños adolescentes? No, responde Tatiana, no diríase que en nada aún, exactamente, en nada.” 


En la primera salida luego de ese período de encierro, conoce ocasionalmente en la calle a Jean Bedford, lo empieza a seguir, él la aborda, conversan. Y rápidamente se casa con él sin desearlo –sin pasar por el peso de la elección, realizan una ceremonia íntima y se van de la ciudad. Jean tenía un gusto particular por mujeres débiles o con cierto padecimiento, y sabe de la situación vivida por Lol. 


En ese período de 10 años, Lol un arreglo consigue, arma una familia con Jean B., tienen 3 hijos, decora la casa con mucho control, imitando vidrieras y revistas, bajo un orden muy riguroso que reinaba en la casa, en un marco de aparente normalidad. El narrador dirá que: “A los diez años pasados en U. Bridge, les había dado la vuelta en unos minutos.”  

Un trabajo del marido –músico- los trae nuevamente a la ciudad de S. Tahla y se van a vivir a la casa que fue de la familia de Lol –una vez que sus padres han muerto-. Ella decora la vivienda otra vez bajo un estricto control, todo muy riguroso y comienza a deambular por la ciudad, como volviendo a conocerla, a recorrerla. En este periplo de errancia, Lol por momentos se agita, camina sin rumbo, pero también regresa contenta a la casa después de sus caminatas, como si algo se ordenara para ella. 

Ni bien instalada en la casa familiar, Lol ve pasar a una pareja, parece reconocer a la mujer, y escucha la frase “muerta quizá” pronunciada entre ellos, que la conmueve. 

Uno de esos paseos por la cuidad, la llevará a toparse con esa pareja y reconocerá a Tatiana, Lol los persigue hasta el hotel del bosque, hotel de citas de amantes, al que Lol había ido con Michael.  

Espera –enfrente- tirada en el campo de centeno, una ventana del hotel se ilumina. Y ve a Tatiana Karl desnuda con sus cabellos oscuros, que recuerda al vestido negro de Ane-Marie en el baile del Casino. Toda esa escena es vista y descripta desde el marco fantasmático de esa ventana. 

Reconstruye allí el punto final del baile, ese instante, donde queda sin palabra para pedir ayuda, la palabra estuvo ausente para nombrar el arrebato, y como “palabra-ausencia, una palabra-agujero, con un agujero cavado en su centro, ese agujero donde se enterrarían todas las demás palabras.”  

Lol no había podido ver cómo se deslizaba el vestido por los hombros de Anne-Marie, y ahora completa la escena con la visión desde el campo de centeno. “Para Lol resulta inconcebible estar ausente del lugar donde se realizó ese gesto.” 


A partir de esto, Lol va a buscar a Tatiana y la visita en su casa, donde la encuentra junto a su marido –Pierre Beugner- y su amante -Jacques Hold.  

Lol le pide detalles a Tatiana del baile en el Casino, se tranquiliza al saber que Tatiana le confiesa que ella no sufría en ese momento.  

Lol le demostrará todo su interés a Jacques Hold, convocándolo a que repita la escena del hotel con Tatiana, pone fechas y horarios para los encuentros de los amantes y volverá al campo de centeno a mirar a través del marco de la ventana.  

Hold se confunde, primero supone que Lol se acerca porque él se parece a Michael, luego le dice que está enamorado de ella y que dejará a Tatiana. Hold ocupa el lugar del sujeto dividido, angustiado. Hasta aquí Lol no muestra sufrimiento, ni angustia, todo es descripto por ella con una cierta distancia. 

Vuelve con Hold al relato de la escena del baile, donde sintió que fue sustituida, Lol le dirá: “Es una sustitución… Ya no estaba en mi lugar, ellos se me llevaron.” 

Queda así expresado por ella que fue sustituida por la otra mujer que se va con su novio y su cuerpo desaparece. A.-M. Stretter le da cuerpo y luego se lo quita, Lol se desvanece cuando ella se va, ella es ahí arrebatada. 


En el último tramo de la novela, Lol le propone a Hold un viaje a T. Beach y vuelven a visitar el Casino Municipal donde se realizó el baile 10 años atrás.  

Podemos situar entonces un discreto desencadenamiento cuando está a solas con él en una habitación de hotel. Aparece una certeza en Lol, cree que la policía está abajo, hay golpes, los buscan. 


Hold nos dice que “la crisis está ahí”. Podemos ubicar como desencadenamiento de esta crisis el encuentro con el cuerpo del hombre sin el sostén del cuerpo de la otra mujer. Allí Lol se encuentra en el lugar de Tatiana, mientras que es el cuerpo de Tatiana el que necesita para dar consistencia al cuerpo propio, que había sido antes arrebatado. 

Podemos relacionar la escena del baile en T. Beach con la del hotel en S. Tahla a través del lugar de la mirada. 

Lol organiza la escena para que finalmente Hold le dé a ver desde la habitación del hotel el cuerpo desnudo de Tatiana, desnudez que reemplaza su propio cuerpo, y allí se da la inversión ya que, es Hold quien mira a Lol tirada en el campo de centeno viéndola como “una mancha”.  

Lol no es voyeur, sino que lo que pasa la realiza. Lacan dice en el Homenaje: 

“Sobre todo no se equivoquen en cuanto al lugar aquí de la mirada. No es Lol quien mira… Ella no es voyeur. Lo que pasa la realiza.” (3) 

Esto que pasa “la realiza” a Lol, pues sucede lo que no se cumplió en la escena del baile, donde su cuerpo fue arrebatado, sin hallar la palabra para nombrar ese rapto, y “la realiza” en el punto donde la escena había quedado inconclusa para Lol que no llegó a ver el cuerpo desnudo de la A.M. y ahora se completa. 


Éric Laurent nos dice que “Resulta central para comprender la topología del cuerpo el lugar que ocupa el objeto mirada.” (4) 


Lol no pudo asistir a la aparición del cuerpo de la mujer desvestido por el hombre y allí todo se detuvo para ella, es una detención en una imagen. Se detuvo en el vestido negro, y el vestido negro pasa a ser el soporte del fantasma estático al cual Lol se fija. 

Cuando Lol ya no pudo mirar más, su cuerpo se encontró desposeído de la mirada y solo le quedo la visión, esta visión la priva de la mirada que entonces tratará de recuperar en el exterior, tratará de encontrarla el deambular, con la errancia. 

Diferencia entre el ojo, como órgano de la visión, y la mirada, que queda del lado del objeto: éste devuelve la mirada al sujeto; el objeto es mirada para el sujeto. (5) 


Lacan precisa el momento donde todo se detiene y articula el lugar del objeto mirada: 

“Hay que tomarlo en la primera escena, en la que Lol es propiamente ocultada (desvestida) por su amante, es decir que hay que seguirlo en el tema del vestido, el cual soporta aquí el fantasma al que Lol se fijará en el tiempo siguiente, en un más allá del que no ha podido encontrar la palabra, esa palabra que, al cerrar las puertas a los tres, la hubiera conjugado con el momento en que su amante le quitara el vestido, el vestido negro de la mujer, y develara su desnudez. ¿Esto va más lejos? Sí, hasta lo indecible de esta desnudez que se insinúa para reemplazar su propio cuerpo. Aquí todo se detiene.” (6) 


En el último pasaje de la novela Marguerite Duras nos entrega a Lol dormida en el campo de centeno, cansada, por todo este viaje… tanto viaje de cuerpo y mirada…  


 

Referencias: 

(1) Duras, Margarite. “El arrebato de Lol V. Stein”, Tusquets, España, 1987. 

(3) Lacan, Jacques. “Homenaje a Marguerite Duras, por el Arrobamiento de Lol V. Stein”, Otros Escritos, 2012, pag 209. 

(4) Laurent, Éric. “El sofisma de Lol V. Stein”, en Los usos del lapso, Los curso psicoanalíticos de J.-A. Miller, Paidós, 2005, pag. 401. 

(5) Lacan, Jacques. “El Seminario Libro 11”, “La esquizia del ojo y la mirada”, Paidós, Buenos Aires, 1996, pag. 75 

(6) Lacan, Jacques. “El homenaje…” op. cit., pag. 211. 







El arrebato de Lol desde el exilio  

  

Andrea Berger 

La novela de Duras, nos sumerge en un relato que no se asienta en coordenadas claras y familiares.  Recorrer sus páginas es a riesgo de soportar perderse.   

Hay que animarse a deambular por su escritura. Es como estar en el extranjero, en un territorio ajeno, sin entender del todo el lenguaje que se habla.  O más radicalmente, como una suerte de exilio, es decir, “fuera de” lo conocido, lo propio.    

Entonces, no queda otra, o se desestima el intento o uno se deja llevar por el arrebato.   

Subrayo que lo maravilloso del libro es que él que se anima a seguirlo…  lo experimenta.  

Experimenta el arrebato, el exilio.  

Los invito en este comentario entonces, a seguir el hilo del arrebato desde el exilio.  

El tema del exilio (1) es trabajado por distintas disciplinas, la filosofía, la política, el derecho y por supuesto el psicoanálisis (2) Podemos definirlo como un destierro, una pena.   

Refiere al sentimiento de estar en un lugar ajeno, que no se siente propio. Un estar “desde fuera de”. “Estar en el exilio” es distinto que emigrar. Es estar expulsado. Desarraigado, arrebatado de lo propio. Para Ovidio es un mal, una perdida.  

Para otros neoplatónicos como Plotino y Plutarco el exilio es una posibilidad, una solución, un remedio, incluso un derecho. Es una asimilación a Dios, por lo cual implica una felicidad-levedad que se asemeja a una suerte de goce como el experimentado por los místicos.  

Para el psicoanálisis, el exilio es irremediable. No es una pena ni un derecho. Es un dato de estructura. Somos exiliados del lenguaje como efecto de la mortificación de lalengua. Usamos el lenguaje, al modo de un montaje sobre lalengua para civilizarnos. Nos sirve para nombrarnos y tener un cuerpo, para nombrar lo propio y lo ajeno, para nombrar lo de adentro y lo de afuera, pero a sabiendas de la imposibilidad que encierra. No hay nombre absoluto ni cuerpo propio porque entre lalengua que golpea e infiltra goce y el lenguaje que la elucubra no hay relación proporcional. Esta disyunción, esta diferencia radical nos hace exiliados del lenguaje. Estamos en él, pero no del todo.  Ese “no todo” nos confronta a una soledad inextinguible respecto del Otro y una extranjería respecto del cuerpo. En los síntomas, en los afectos encontramos las huellas del exilio (3).  

M. Duras, se deja tomar por un caso verídico. Se trata de una mujer que la cautiva con su locura y a la que invita unos días a su casa.  A partir de esa experiencia, escribe esta novela, cuya lectura, suscita el arrebato, que tal como la carta robada, va pasando de mano en mano, de personaje en personaje incluido el lector.  

El arrebato irrumpe desde las primeras páginas, en la escena del baile, donde el novio queda deslumbrado por una mujer mayor.  

Ella, la novia, tomada de la mano de Tatiana, su amiga desde la infancia, mira la escena detrás de las cortinas. “El detrás de” es el lugar que encuentra en la escena.   

Subrayemos dos aspectos: por un lado, la relación de Lol con su amiga, pieza clave, el recurso del que se agarra para sostenerse y a la que volverá a buscar y

encontrar diez años después.   

Por otro lado, como el “fuera de” o exilio que la autora describe en el momento dramático es locura, pero también solución, refugio.     

Hay entonces, diferentes caras del arrebato-exilio. Lol muestra: el exilio-soledad- desvitalización en el deambular enloquecida pero también la cara del arrebato-exilio solución en el “detrás del cuerpo de la Otra”.    

Sabemos por el relato que Lol sale de la locura.  Que en el deambular (por el exilio de su locura) se encuentra con otro hombre con el que arma una relación signada por la distancia. Un hombre que dedicado a La música la toma no-toda como su mujer.    

Y desde esa distancia con el hombre, con el cual encuentra cierta pacificación, vuelve a su amiga, para mirar, desde el centeno, a la Otra que le hace de cuerpo.  

Lo interesante de la novela es que muestra a cada uno de los personajes con su exilio-arrebato desolador, pero también solución. Tatiana se exilia de su matrimonio con su amante. El marido de Lol con la música. El narrador de la novela, Hold por la locura de Lol que lo saca de la locura con Tatiana.  

Entonces, se destaca el arrebato desde exilio y sus usos posibles.   

Sabemos desde el psicoanálisis que como hablantes estamos arrebatados del complemento palabrero, del Otro y de la unidad del cuerpo. Que cada uno hace, a partir de su condición de exiliado, un síntoma. Que en todo síntoma encontramos la huella del exilio y un modo de hacer con ello.   

Que el exilio- arrebato puede conducirnos a la locura- pasión como trabajamos en el caso del personaje de Almodovar cuyo deambular termina en llamas. O como en el caso de Fern de la película “Nomadland” que desde el exilio- deambular se abren las compuertas de otro goce que el amarrado a la propiedad, lo propio, lo Uno. Más cercano a los dioses y a los míticos.  

En el caso de Lol, el exilio-arrebato la conduce a la locura, pero también a darle consistencia a su cuerpo por mediación de la Otra. 

Tal vez, allí radique la diferencia para algunos en la experiencia de lectura de “El arrebato de Lol” …como en el transitar un análisis...   

“hacer del exilio- arrebato otro uso del cuerpo y sus goces que no quede condenado a la pena”  

 



Referencias:  

(1) El origen del exilio. Hachman.https// orcid.org/0000-0002-0569-6479.  

(2) Musachi, G. Mujeres en movimiento. Fondo de cultura económica. Buenos Aires. 2012. pp 83-112.  

(3) Lacan, J. (1973), El Seminario Libro 20: Aun. Paidós. Buenos Aires. 1981. Pp 175  

  

  

  

  

 

 



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