La pulpa de lo vivo

 

Encuentro 15 de Noviembre de 2021 

Andrea Brunstein - Andrea Berger – María Marciani 

María Eugenia Cora – Andrea Breglia




  

Cuerpo a cuerpo en el fondo del mar  

  

Andrea Brunstein 

¿Cómo se construye el Otro? El documental de “Mi maestro el pulpo” (1) recrea de alguna manera ésta pregunta.  

Hay una transformación de conceptos en la última enseñanza de Lacan. El concepto fundamental que  modifica la última enseñanza es el goce.  

Lacan lee al detalle la obra de Freud y trabaja sobre ella. Precisa el concepto de sexualidad y lo que dice, es que la sexualidad es la relación de un cuerpo sexuado  con otro cuerpo sexuado. Pone el acento en la palabra “relación”  

Este punto se pone en tensión con el concepto de goce. El goce justamente es lo que no hace relación, no se abre al Otro. El goce es lo contrario de la relación.  

Jacques Alain Miller en la Fuga del sentido dice que el goce construido conceptualmente por Lacan no es la libido Freudiana. La libido circula, se transfunde en el Otro. Un ejemplo de esto es el flechazo (2).  

El amor sigue las circulaciones de la libido, en cambio el goce queda por fuera del lazo social.  

A la vez, el concepto de goce toca el concepto del Otro. Si el cuerpo es un cuerpo de goce, y el goce no hace lazo,  eso impide pensar que el Otro esté dado. Es lo contrario de la primera enseñanza donde el Otro era el Otro del lenguaje, y está allí desde el comienzo. En la última enseñanza, Lacan lo ubica a partir del Seminario 20, el Otro debe elaborarse a partir del concepto de amor.  

Este recorrido me resulta necesario para introducir la pregunta que se me plantea cuando miro éste documental.  

La pregunta es, ¿Por qué el pulpo no fue algo más del fondo del mar para este cineasta? ¿Cómo se construye la relación con un pulpo?  

 Me voy a limitar a ubicar algunos momentos de esta relación  

En principio decir que él baja al fondo del mar inspirado por dos cuestiones; reeditar un disfrute de su infancia que era bucear, y unos rastreadores que conoce cuando filmaba una película, “ellos eran parte de la naturaleza”.  

Buscando sentir otra vitalidad en su cuerpo, se produce un encuentro contingente. Detrás de unos caracoles, tapado por ellos, se encuentra el pulpo. Él dice que lo mira y sale corriendo para luego taparse con unas algas a modo de capa, lo mira de lejos y después se va.  

Así transcurrió el primer encuentro pero para él no quedo ahí, comenzó a ir todos los días, dice: “quería conocer el entorno del pulpo¨  

Encuentro ahí ya un detalle, algo que puede quedar en un encuentro fortuito, le despierta a él una curiosidad que no deja pasar y comienza a interrogar el hábitat del pulpo.  

“Después de visitarla diariamente el temor del pulpo comienza a desaparecer y empieza  a salir el pulpo con cierta curiosidad, hasta que un día sucede el primer contacto físico. Algo sucedió cuando ese animal hizo contacto”  

“Un día el pulpo me estaba siguiendo, eso es algo increíble. Venía hacia mí y no tenía nada de miedo. Es una sensación fantástica”  

En este trayecto que me interesa escribirlo a la letra, se puede leer como en su decir aparece un entusiasmo que él nombraba como perdido.  

Él logra que un animal silvestre lo siga. Va armando una construcción de ese Otro, pulpo, en este caso. Pone en juego su libido  cuando se le despierta la curiosidad. Citando a Miller, podríamos decir que éste cineasta que pone su cuerpo ahí, produce un Flechazo y logra una construcción de un Otro para él.  

Me pregunto, se podría comparar a la transferencia de un análisis, pensada bajo el modo de ese amor de transferencia, no tan ligado al supuesto saber sino a ese amor construido en transferencia más del lado de lo real. ¿Qué sería?  

Voy a citar un párrafo de un homenaje que le hace Jacques Alain Miller a Rosine Le Fort donde cuenta que Lacan estimaba que Rosine no se embrollaba, que estaba en lo verdadero. Dice: “hay momentos donde lo real toca lo real sin pasar por la palabra mentirosa” (3) ¿Cuál es la definición de lo verdadero? Miller da una, es la relación directa de lo real con lo real y es esto lo que está bien en su lugar en esta clínica del niño” Señala el coraje de el nombre de su libro “El nacimiento de la clínica” y describe como se empeñaron en demostrar la construcción del Otro a partir de un-cuerpo. De este modo fueron conducidos a ubicar su clínica del lado del autismo.  

Craig Foster así es el nombre del documentalista, compartió un año con el pulpo, casi toda la vida del pulpo, hasta su muerte. Al final del documental muy emocionado dice: “Claro que la extraño. Me enamoré de ella pero también de la naturaleza que representaba y de cómo me cambió”  

  

  

 Referencias: 

(1) Reed. J., Ehrlich. P., Mi maestro el pulpo, documental, 2020  

(2) Miller, J.A., La fuga del sentido, Paidós, Buenos Aires, 2012, p.164  

(3) Escuela de Orientación Lacaniana. Publicaciones online. Miller.J.A.,online, curso del   miércoles 7 de marzo del 2007 http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/jam/curso/2006/07_03_07.html  

 

 

 

Mi maestro el pulpo  

Bucear por las huellas  


Andrea Berger 

I.Huellas.  

El protagonista, que es al mismo tiempo, el documentalista hace del film un testimonio de su derrotero por una depresión. Afecto penoso que alcanza potencia por el rigor de ciertos ideales aplastantes que ciernen su ser. Pero también nos muestra, los efectos que puede tener un encuentro contingente, en dicha mortificación.  

El trayecto se inicia con la desolación al que lo lleva la obsesión de ser un rastreador que sigue las huellas de otros rastreadores. A partir de dicha pasión neurótica, entramada con la pulsión de muerte, encuentra refugio en el lugar donde transcurrió su infancia. Se re-conecta con el mar de su niñez, en el que se sumerge y bucea.   

En el marco de ese mundo submarino, enigmático y silencioso se produce un encuentro con algo novedoso, que lo conmueve.  

El film va mostrando con finura como Foster se va desprendiendo al bucear de su ser rastreador.   

El rastrear es una investigación acerca de las marcas - huellas de un suceso acontecido o de marcas que dejan los animales a su paso.  

Es una disciplina, que tiene una técnica con la que se aspira a la reconstrucción de hechos.  

Los rastreadores siguen marcas que leen como huellas, es decir, que van tras las marcas-huellas, signos de una presencia, del paso de algo-alguien por un lugar.   

Es la lectura a posteriori de inscripciones en un terreno. Es el resultado de la combinación espacial y temporal: se trata de la escritura en un terreno de ciertos pasos que han dejado huellas.  

Podríamos pensar que un análisis es ir a buscar las marcas de la infancia. Rastrear las marcas como si fueran huellas de lo que pasó, especialmente en la infancia y articuladas a lo sexual.  

Sin embargo, la introducción del significante, le permite a Lacan proponer otra dimensión de las huellas y por ende del análisis. Ya que no solo el significante mata la cosa, sino que es plausible de determinadas operaciones: se lo puede borrar y se puede borrar que se lo borró.   

En el Seminario 10 (1) Lacan nos recuerda que algunos animales también borran sus huellas, sin embargo, la diferencia con el ser hablante es tajante. Ningún animal borra que borró la huella.  Operación que requiere como condición entender que el significante no viene al lugar de algo sino de otro significante.   

En un análisis no se trata entonces, de ir tras las huellas de lo pasado sino dejarse llevar por las huellas significantes… para producir con ellas algo nuevo.  

II. La pulpa  

El encuentro con la pulpa es una bella manera de ilustrarlo. El abrumado Foster retoma la pista de lo conocido, del mar de la infancia, en el que se sumerge, pero, no para encontrar su historia, ni para hacer del significante-huella un signo, tratamiento prototípico del obsesivo, sino para dar lugar al encuentro con algo radicalmente diferente. En este caso, una pulpa, subrayamos “femenina”.   

Propongo leer en el encuentro con la pulpa, un bicho de mar indomesticable, huidizo, inatrapable, lo radicalmente otro a uno mismo. Dicho encuentro, azaroso, lo saca del ostracismo en el que la depresión, de mirarse a sí mismo, lo había encerrado.  

III. El buceo   

El encuentro con la pulpa se produce al sumergirse y bucear. Por cierto, no se trata de mandar a nuestros pacientes a bucear, pero si extraer de esa práctica algunas enseñanzas referidas al goce y al cuerpo.   

Ya que bucear puede ser una experiencia de goce corporal, desprendido del yugo que algunas palabras acarrean, así como los ideales, o sentidos engañosos.  

Es más, podemos decir que bucear es incompatible con las palabras. No solo porque sumergidos en el mar no se puede hablar, sino porque es una experiencia difícil de transmitir con palabras Algunos pueden describirla como si se tratase de entrar en otra dimensión, con uno mismo, con el cuerpo.   

Donde el murmullo del silencio, los colores, las temperaturas del agua, las extrañezas (otros seres, bichos raros) ganan preponderancia por sobre las palabras-huellas-significantes. En el fondo del mar el sonido es el de la respiración, con ese carácter de extimidad que la hace propia y ajena a la vez.   

Bucear es abrirse al misterio de los sonidos y las cadencias áfonas. De esa experiencia se puede obtener una satisfacción corporal, que se siente y para la cual las palabras no alcanzan.   

Claro que no dejaría de reparar que para bucear hay por lo menos un límite que es el tiempo. No se puede bucear sin una medida necesaria de oxígeno, una regulación del tiempo articulada al oxígeno. Es decir, que ese goce silencioso y corporal se puede alcanzar en tanto circunscripto por una medida, una regulación que como tal llamamos fálica.  

En ese sentido, este film testimonial es una invitación para los analistas, a la experiencia de bucear no solo en las profundidades del mar sino en las vueltas posibles de un análisis, con el horizonte de anudar cuerpo, huella significante y el goce en sus distintas versiones.  

 

Referencias: 

(1) Lacan J., (62-63), El Seminario, Libro 10: La angustia. Paidós. Buenos Aires. 2006. p.74  

    



  

Soledad, exceso y cuerpo 

  

María Marciani  

El documental “Mi maestro el pulpo” (1) me permitió revisar nuevamente algunas puntas que se abrieron en el encuentro anterior cuando trabajamos de la película la Otra Ronda. (2)  

En primer lugar, el contraste entre el inicio donde vemos a un hombre solo, que se interna en el mar y la escena final donde termina en el mismo mar, pero con otros. En un contraste de oscuridad inicial y una luz radiante de la escena final muy bien lograda.  

Este no es uno de los tantos documentales que Foster (3) ha filmado, esta vez el foco está puesto en él mismo, ya que ahora es el protagonista y no el realizador. Ha pasado dos años en el infierno, y decide “un cambio radical”. El film es una reconstrucción de ese cambio que se inicia, con una apuesta que no se dirige a otra cosa que, a revertir su estado de derrumbe, y son los cambios producidos por esa misma apuesta los que lo animan a poner en la pantalla los resultados.  No solamente vuelve al mar acompañado por otros y sale de su aislamiento, recuperando la familia y un nuevo trabajo, sino que a la vez nos deja ver, nos muestra nos enseña. Nos enseña a cerca de este extraño bicho humano, ya que esta vez es de su propia rareza de la que da cuenta, se incluye en la lista de los atrapantes personajes que antes filmaba y lo hace adentrándose en el mar, un mar que conocía, ya que bucear en esas aguas era, “lo que más disfrutaba en su infancia”.  

Primer pasaje entonces, ante el derrumbe que incluye su trabajo y su familia, puede ubicar que no sabía lo que le pesaba haberse alejado de ese lugar del disfrute de su cuerpo, hasta que ve a los rastreadores del Kalahari, recién 18 años después ese peso termina llevándolo a la imposibilidad de sostenerse. Agotado, por el exceso de trabajo es allí donde ubica la causa, es decir un exceso de sometimiento a una rutina de trabajo, a un circuito sin corte, que lo deja cada vez más afuera de las escenas de la vida. Decide una búsqueda, que a diferencia de Martin (4) no incluye a otros, sino que inicia una danza solitaria con ese mar del disfrute infantil.  

Este es el segundo punto en que este documental me llevo a la película anterior, y es la danza. ¿Pero porque llamar danza a este rítmico y sostenido movimiento cotidiano del protagonista con ese mar de la infancia?  

Revisemos el contexto en el que Lacan inventa este término que es “condanzación(5) y que muy bien precisó Lili Zarensky, en la reunión anterior, sobre la danza en la película “Otra Ronda”. Si leemos con detalle hay una secuencia previa a la aparición de este concepto, que el documental me permitió volver a leer.   

En el último capítulo del seminario 23 “La escritura del Ego” Lacan va a decir “algunas cositas” (6) que le parecen notables y la primera es precisamente hacernos captar la relación que el hombre tiene con “su” cuerpo. “Ya decir su es decir que lo posee, como un mueble, por supuesto”. Es decir que no lo es que cree tenerlo, como lo hemos venido trabajando con detalle desde el año anterior en nuestro seminario, pero agrega algo de manera tajante. “Esto no tiene nada que ver con lo que sea que permita definir estrictamente al sujeto, el cual solo se define de manera correcta por estar representado por un significante por otro significante” ya que, esta vía entiendo, es sin cuerpo. Algo de este abismo, dice después podríamos frenar a partir del uso del nudo borromeo, y también como hemos venido viendo en el seminario, la nueva noción de sinthoma que en tanto cuarto redondel permitiría enlazar dos goces disyuntos; el goce fálico donde está implicado lo simbólico y que es fuera cuerpo y el goce Otro, un goce en el cuerpo que no participa de esa lógica disruptiva del parasito lenguajero y que da consistencia al imaginario corporal. (7)   

Lacan añora el uso que ha tenido la danza en todas las culturas, es decir un uso que se ha perdido y que no tiene que ver con ninguna técnica, ni performance, sino que tiene que ver con la danza en tanto comporta goces, es decir la danza en tanto da cuenta de un manejo del cuerpo sin otro fin que manejar ese mueble que creemos tener,  donde las satisfacciones pulsionales no se tornan amenazantes, ni invasivas, no atentan contra el sostenimiento de la unidad de la imagen corporal, resguardando ese uso sin valor, pero con una satisfacción en el cuerpo que pone freno a la deriva pulsional. Es así como puedo entender además porque juega con el término condensación, ya que es como sabemos desde Freud el concepto que hace alusión a lo que después Lacan teorizará como metáfora, es decir a esa operación significante que cristaliza algo, detiene la deriva metonímica y genera un punto de anclaje, lugar que ocupará el NP y luego el sínthoma, tal como lo estamos trabajando en la última enseñanza.   

Así para el ser hablante la danza le es inevitable, por eso su origen como lo dicen muy bien los antropólogos y arqueólogos se remite a los orígenes de los seres humanos como lo muestran las pinturas rupestres (8), entendiendo a la danza como “el arte del movimiento del cuerpo humano en general” (9), o como lo dice de manera poética Pascal Quignard (10) “La danza no pertenece al lenguaje. No pertenece al juicio. No tiene rostro. No tiene apariencia fija. Es anterior al lenguaje” es ese “puro cambio de estado” “ese movimiento del cuerpo, que no avanza: sale”. Podemos conjeturar un poco más ahora porque dice condanzación ya que lo que cumpliría esa función de dar cuenta de cierto manejo, tratándose de “tener un cuerpo” sería la danza y no la dimensión significante, esa vía nos lleva a esa dispersión pulsional solamente y es necesario algo que permita al goce pulsional no desarticular el cuerpo, no atentar en su dispersión y repetición contra su armado. ¿Podría un análisis incidir en ese punto?  Sigamos aprendiendo del documental.  

El cambio radical de Foster, su apuesta para salir del aislamiento, y el control detrás de la cámara, que lo dejaba fuera de escena, se inicia con esta danza, con el ejercicio cotidiano de esa danza donde es su cuerpo el protagonista principal que se adentra en ese bosque oscuro de ese goce que ha intentado mantener a raya, con el costo de eliminar toda satisfacción, el engañoso desierto de goce de la obsesión que hace imposible todo deseo como modo de lidiar con el Uno fálico. Una respuesta todista que lleva al exceso y la caída, como bien lo vimos en el film anterior, el infierno del que nos habla el protagonista.  

Así como el cuerpo de los rastreadores del Kalahari le hacen notar que él no está en la escena, del mismo modo el encuentro con un extraño habitante del mar, cumple la misma función. Es un detalle para señalar, recordar que ese extraño habitante, no devela su identidad desde el inicio, tiene que volver varias veces para saber que se trata de una pulpa, a quien dedica luego sus días, y que al igual que los hombres que filmó, está totalmente incluida en su entorno, se las arregla a pesar de los peligros para danzar en las aguas turbulentas de cabo Cape.  

Comenzar un análisis no es acaso un cambio radical, un sumergirse, movido por un deseo de ser parte de esa naturaleza, no la externa sino la propia. Pero ¿Hay otra naturaleza para el ser que habla que no sea el sinthoma? Ese que empezamos a entender con Lacan como cuarto redondel que enlaza esos dos goces necesarios para la vida.   

Primero la apuesta, después un recorrido, sesión por sesión hasta vaciar el sentido e inventar un modo sostenerse a flote, como dijimos, en encuentros anteriores, no sin la transferencia, no sin un amor, amor que el protagonista guarda por un lugar, por ese bicho extraño que es el mismo pero que dejo de lado en busca de los grandes propósitos de la vida, ideales que no hacen más que oscurecer las aguas del sentido, hacer de la vida un tormento, como bien lo trasmite el film.  

El protagonista podría haber hecho un relato de su historia, recuperar los emblemas familiares, los ideales las raíces. Lejos de eso lo vemos entrar en una rítmica danza cotidiana con las olas, que le hacen sentir nuevamente un goce en el cuerpo. El encuentro con una pulpa es el foco que busca cada vez, dentro y fuera del agua, se hace rastreador de eso que antes intentaba mantener a raya a costa de una vida sin satisfacción. El encuentro contingente con la pulpa, ponerse en contacto, le permite recuperar el cuerpo día tras día bajo la condición de ir acercándose lentamente, allí a las aguas oscuras del goce que ha intentado frenar, donde aprenderá a camuflarse, asustarse, estar al borde de la muerte, recuperar el gusto por la filmación, perder partes del cuerpo y recuperarlas, llegar al fin de sus días, perpetuarse en los hijos, en fin recorrer todos los fantasmas amenazantes,  nadar en las aguas del goce pulsional cada día con un poco más de satisfacción e incluyendo a otros en su descubrimiento. Todo esto a partir de hacer un uso de su obsesión, su arreglo sinthomático, pero habiendo recuperado un cuerpo que danza haciendo de su oficio algo que lo acerca a los otros y que no lo deja solo, aislado detrás de la lente. Un arreglo un poco más amigo de la vida, no el gran propósito que quizás querría alcanzar, sino haciendo una experiencia que le causa entusiasmo y que entusiasma a otros.   

Referencias: 

(1) Documental. Directores: Pippa Ehrilich, James Reed. Sudáfrica, 2020  

(2) Película. Director: Tomas Vinterberg. Dinamarca. 2020  

(3) Foster, Craig. Protagonista del documental “Mi maestro el pulpo”  

(4) Protagonista de la película “Otra Ronda”.   

(5) Lacan, J. Seminario 23. Editorial Paidós. Pág. 152  

(6) Lacan, J. Seminario 23. Editorial Paidós. Pág. 151  

(7) Lacan, J. La tercera. Revista Lacaniana N18. Publicación de la EOL. Buenos Aires 2015  

(8) Wikipedia. Historia de la danza.  

(9) Rabago, A. Antropología y danza. Foro de estudiantes latinoamericanos de Antropología y Arqueología. México  

(10) Quignard, P. El origen de la danza. Editorial Interzona. Buenos Aires. 2017  

  



Tirar del cabo de las tormentas (la cuerda que hay)  

 

M. Eugenia Cora 

 

 

“Nací a la orilla del mar.   

 Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas”. I. Duncan  

  

Lo infantil  

Comienzo con una cita de Jacques Lacan del Seminario 23, El sinthome: “La gente escribe sus recuerdos infantiles. Esto tiene consecuencias. Es el pasaje de una escritura a otra escritura”.1   

En esa clase Lacan enfatiza que no se trata de la misma escritura: “con la escritura del nudo borromeo intento introducir nada menos que lo que llamaré la lógica de bolsas y cuerdas. Evidentemente, está la bolsa, cuyo mito, si puedo decir así, consiste en la esfera. Pero aparentemente nadie reflexionó lo suficiente sobre las consecuencias de la introducción de la cuerda. La cuerda prueba que una bolsa solo está cerrada si se la encordela. En toda esfera nos hace falta imaginar algo –que está, por supuesto, en cada punto de la esfera- que anuda con una cuerda esa cosa en la que se sopla.”    

Craig Foster es un documentalista sudafricano, cofundador de una asociación2 destinada a proteger la vida marina y generar conciencia sobre la importancia del bosque de algas Kelp en Sudáfrica. Al realizar los documentales The Great Dance: A Hunter's Story (2000) y My Hunter's Heart (2010), aprendió algunas de las técnicas de rastreo de animales del pueblo del desierto de Kalahari. De ahí en más, en su rastreo submarino, Foster descubrió ocho nuevas especies de camarones. Una de ellas, Heteromysis fosteri, recibió su nombre.  

Obtuvo reconocimiento internacional con el documental Mi maestro el pulpo o Lo que el pulpo me enseñó, 18 años después de aquel encuentro con las técnicas de rastreo de animales en Kalahari. Este film, que leo como testimonial, relata su encuentro con una pulpa… la pulpa de la vida.   

Foster nos muestra que su infancia transcurrió en la zona inter costera: las memorias, sus recuerdos infantiles, son en la zona del Cabo de las tormentas y el bosque de algas kelp 

"Teníamos una casita de madera sobre la máxima marca de agua. Así que cuando había grandes tormentas, el océano golpeaba las puertas y llenaba las bases de la casa. De niño fue emocionante experimentar la fuerza del gigante océano Atlántico. Casi toda mi infancia la pasé en los estanques de rocas, buceando en el bosque de algas Kelp. Es lo que más disfrutaba. De adulto me había alejado de eso. Y al principio no me importó (cadenas y mirada perdida) hasta que fui al Kalahari Central hace unos 20 años. Estaba haciendo una película con mi hermano, El gran baile. Una historia de cazadores”.  

Allí conoció a estos hombres: los mejores rastreadores del mundo. “Verlos explorar las marcas sutiles de la naturaleza, cosas que mis ojos ni podían ver, y luego seguirlos a veces durante horas, y ver animales escondidos en el paisaje, fue extraordinario. Eran parte del mundo natural. /Estaban dentro/ Y yo sentí que estaba afuera. Tenía un profundo deseo de estar dentro de ese mundo".  

Este documental nos hace saber que ahí se produjo un quiebre en su vida: pasó dos años en un infierno absoluto. “Había trabajado duro y me había agotado. Hacía meses que no dormía bien. Mi familia estaba sufriendo y la presión me estaba enfermando. Mi mente no podía con todo eso. No quería volver a ver una cámara o una sala de edición. No podía soportarlo. El propósito de mi vida... estaba hecho pedazos".  

"En ese estado no podía ser un buen padre. Necesitaba un cambio radical. Tomé inspiración de mi infancia y en esos rastreadores del Kalahari.  La única forma de hacerlo era en este Océano".  

Conmoción del arreglo que había funcionado hasta allí: ser documentalista se vio corrompido en sus bases. Sabemos que está el impacto de sentirse afuera del mundo. Pero también la coyuntura de ser padre: ¿qué enseñar a partir de este encuentro?   

Barullo de ideas, pensamientos que fluyen en direcciones diversas.  Bajar y dar de nuevo.   

  

El mundo del silencio   

Silencio  

“Duele  

escucharte lejos  

como un eco  

gigante  

cada paso”  

Marisol Santos, “Ese linaje de mar”  

  

“A cincuenta metros de la superficie, unos hombres realizan el rodaje de una película. Equipados con escafandras autónomas de aire comprimido, se ven liberados de la gravedad, se desplazan libremente”. Así comienza la película de Jacques Cousteau3 cuyo título4 se ha convertido en una manera popular de hacer referencia al mundo submarino.  

El silencio y su búsqueda submarina parecen ser un modo de tratar la proliferación de pensamientos que se detonan con esta “crisis existencial”, “depresión” de un hombre exitoso, Craig Foster. Proliferación de sentidos que del otro lado del océano podemos leer como ausencia o pérdida radical del sentido.   

«La tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio», dice Byung-Chul Han en La agonía del Eros. Hacer silencio, llamarse a silencio, también es dar el primer paso para obtener un nuevo arreglo. En el silencio hay ausencia de palabras, pero a la vez hay presencia. Presencia de cuerpo. Cuerpo animal, cuerpo atravesado por el lenguaje.  

  

Un arreglo  

¿Cómo se las arregla para volver a disponer del cuerpo y de un sentido encarnado de la vida?  

En la pág. 64 del Seminario 23, Lacan sigue la pista de Joyce. Si el cuerpo levanta campamento es en tanto consistencia mental. “Ciertamente, el cuerpo no se evapora, … y es consistente, el hecho se constata incluso entre los animales”.  Lacan se dedica acá a “rastrear lo real, que no consiste, que no existe más que en el nudo”.   

“Relacionarse con el propio cuerpo como algo ajeno es ciertamente una posibilidad que expresa el uso del verbo tener. Uno tiene su cuerpo, no lo es en grado alguno… la idea de sí como cuerpo tiene un peso. Es precisamente lo que se llama el ego”.5   

Respecto al pulpo, en cuanto logramos atraparlo con la mirada, cambia de forma y se nos esconde a plena vista o se escapa por un huequito. Es alga, es arena, es roca, es nada: excepto por una pequeña protuberancia rígida de quitina que tienen en la boca, parecida a un pico, es un cuerpo de pura posibilidad. Como tienen neuronas en los tentáculos, piensan con el cuerpo entero: juegan, engañan, planean, nos reconocen, aprenden y son capaces de usar herramientas para resolver problemas complejos.  

Sin embargo, los pulpos no son sociales —¡no interactúan ni siquiera con sus crías! —; no da para pensar que la octópoda haya experimentado algo más que curiosidad. Pero Foster ve en la pulpa una guía que puede enseñarle sobre su propia fragilidad y decide buscar el sentido de su existencia en la naturaleza. Necesita sentirse adentro.   

En una de las escenas más impactantes, en la que la pulpa se recupera de un ataque de tiburón que le arrancó un tentáculo, Foster nos sugiere que su vida y la de su maestra están espejadas. De aquí en más, durante los meses que completan el ciclo de un año y con él el de una vida -la de la pulpa- Foster repara el sentido de la suya, reintroduciendo la pulpa de la vida.   




Finales

  

Andrea Breglia  

Concluimos este año de trabajo en nuestro seminario de investigación clínica, donde pusimos el foco en los arreglos y desarreglos. Dejándonos llevar por el entusiasmo que nos generó la respuesta que dimos durante el 2020 a la contingencia pandémica, nos servimos nuevamente de películas y novelas que nos permitieron abordar, a partir de ciertos personajes, eso que nos convocaba desde el inicio, lo que nos interpela en la clínica contemporánea.   

Así, comenzamos con “Las Primas” (1) y “Las amigas” (2), de Aurora Venturini. Las pinceladas de Yuna y sus palabras a borbotones, nos marcaron un modo de pensar la relación entre Lengua, cuerpo y escritura.  La travesía de vida de este personaje nos permitió leer su singular arreglo y nombre.  

Nos convocó luego el cine: “Nomadland” (3) y “La voz humana” (4). Andando los caminos errantes de Fern y los exabruptos de “Elle” abordamos arreglos y ardores en las dos protagonistas, donde sus cuerpos de mujer se hacen presente de una manera muy singular.   

Continuamos con un retorno a un clásico de Marguerite Duras, “El arrebato de Lol V. Stein” (5), para intentar nuestra lectura. Nos encontramos nuevamente entre errancias y arrebatos, o más precisamente entre un cuerpo arrebatado y sus errancias en busca de cierto sostén. Cuerpo deshecho y cuerpo rearmado.  

Luego, la película “Otra ronda” (6). A partir de ese polémico experimento se puso de relieve aquello que puede ser lo vivificante en un cuerpo. Ahí donde el desierto de goce parecía imponerse, hay un resurgimiento que le permite al protagonista hacer lazo, y danzar.   

Finalmente, “Mi maestro pulpo” (7). En este Documental testimonial, ubicamos el derrumbe del mundo del protagonista, y el nuevo armado posible, con el que aparece otro modo de habitar la vida, no sin los vestigios del pasado.   

Poder ubicar el arreglo sinthomático del que el parlêtre se sirve, fue la brújula que marco el norte para seguir nuestra investigación.   

Lo que la psicosis ordinaria nos enseña, fórmula milleriana que nos guía, nos aporta un sesgo diverso para enfrentar los desafíos que la clínica actual nos presenta. Por ese sesgo, pudimos armar un camino que no solo nos orienta en la clínica con la psicosis ordinaria. Nos lleva a poder abordar lo más singular del parlêtre.  A aquello que puede anudar y sostener, y hacer frente al impasse (de la no relación sexual) que es para todos, pero donde la solución tendrá un color particular.  Y así, delinear lo singular del arreglo, lo propio de la solución encontrada, en cada caso.   

Nos alegra haber estado acompañadas, contar con la presencia y las precisas intervenciones de todos ustedes en el recorrido realizado. Nos deja el saldo de entusiasmo que nos impulsa para continuar el año próximo. Los esperamos.  

  

Referencias: 

(1) Venturini, A. Las primas. TusQuests Editores. Buenos Aires. 2021   

(2) Venturini, A. Las amigas. TusQuests Editores. Buenos Aires. 2021  

(3) Nomadland, (Estados Unidos), 2020, Directora: Chloé Zhao 

(4) La voz humana (España), 2020, Director: Pedro Almodóvar.  

(5) Duras, M. El arrebato de Lol V. Stein. TusQuest Editores.  España. 1987.   

(6) Otra ronda, (Dinamarca), 2020, Director: Thomas Vinterberg.  

(7) Mi maestro pulpo, (Estados Unidos), 2020, Directores: Pippa Ehrlich, James Reed.  

  

  

 

 

  

 

 

  

  

  

 

 

 

 

 

 




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