Cuerpo y Amor -
Encuentro del 24 de Agosto de 2020
De un andar robótico a… algún movimiento posible
Liliana Zaremsky
Para hablar del cuerpo en las Psicosis Ordinarias tomamos el film “On Body and soul” dirigido por Ildiko Enyedi. (1)
Si bien no se trata de un caso clínico, nos serviremos del personaje de María para hacer algunas puntuaciones respecto del cuerpo.
En primer lugar, como destaca J.C.Maleval (2), para identificar las Psicosis Ordinarias se necesita un diagnóstico bífido. Mientras, por un lado, se trata de ubicar los signos que indican el desfallecimiento del nudo borromeo, por el otro, es importante discernir de qué manera este defecto ha sido imperfectamente compensado, cuáles fueron las soluciones que el sujeto inventó.
María, se presenta con un cuerpo rígido.
Un andar robotizado, y un rostro inexpresivo, conforman una suerte de armadura. Solución/armadura que le permite mantenerse a distancia del Otro, ya que María rechaza el contacto corporal.
Es médica, y consigue un trabajo en control de calidad. Siguiendo un reglamento que cumple estrictamente y al milímetro, se ocupa de clasificar carne en cuerpos de animales muertos.
María rehúye el trato amistoso, y su presencia severa y distante resulta perturbadora en su entorno, despertando comentarios burlones a su alrededor, que no la inmutan.
La película transmite un clima de frialdad. El matadero, la nieve del bosque de los sueños, y la frialdad afectiva de María.
J.A.Miller señala para las Psicosis Ordinarias (3) que el desorden central sobre el que engarzan una serie de fenómenos inconexos es el que se produce en la juntura íntima del sentimiento de la vida.
Y respecto del cuerpo, dice: “ese desorden íntimo es la brecha en la que el cuerpo se descompone y el sujeto es llevado a buscar una solución” (4) para tratar de enlazarse artificialmente, con su propio cuerpo que se le escapa.
Con la clínica borromea, Lacan introduce en la teoría un cambio radical.
Los tres registros se equiparan, y lo primordial pasa a ser la consistencia corporal.
El cuerpo que se siente, el cuerpo vivo, es el cuerpo en el que puede alojarse un goce.
Si partimos del principio de que un cuerpo no es algo que se es, sino algo que se tiene, para poder tenerlo es preciso apropiárselo. En esta apropiación hace raíz el sentimiento de la vida en el parlêtre.
Ya no se trata de la imagen jubilosa del cuerpo unificado del Estadío del Espejo, ni del cuerpo mortificado por la acción del significante, sino de un cuerpo que se tiene de un modo muy peculiar. Una forma muy primaria de tener, se trata solamente de un sentir que se lo tiene. Una pura estesia corporal. (5)
Lacan propone que en un tiempo lógico muy anterior a la constitución del Otro y a la emergencia del sujeto, el anudamiento de lo Real con lo Imaginario, es lo que dará lugar a ese goce en el cuerpo que está por fuera del lenguaje y que permite sentir el cuerpo vivo.
Por el contrario, si algún error en ese anudamiento hace que lo imaginario se suelte, el goce no tendrá modo de situarse, y el cuerpo se escapa, no se siente, no duele, o se tiene con él una relación de desapego.
El encuentro contingente con Enre provoca en María una conmoción. La sacude, la perturba, la hace soñar. La escena onírica se representa con dos ciervos en un cortejo amoroso.
Interrogada por la psicóloga laboral, María dice que en el sueño, sintió su cuerpo de una manera distinta, un leve contacto físico originó un efecto de afecto: “nuestras narices se tocaron” …” después me sentí rara”. Se produjo un acontecimiento, un plus de vida que provoca un despertar.
A partir de este momento el film ilumina signos sutiles de vivificación. María expone su cuerpo al sol, mínimos gestos de placer aparecen en su rostro, y comienza levemente a sonreír. La armadura se le desarma, y da comienzo a una investigación.
Busca respuestas en películas pornográficas, le hace preguntas a su psicólogo, y tratando de experimentar sensaciones introduce su mano en un plato de puré, acaricia una vaca, o se acaricia ella misma con un peluche.
Se detiene a mirar una pareja besándose, y ensaya besos en el espejo.
Con atención, observa a las mujeres para tratar de imitarlas.
De una mujer toma la indicación de una música romántica, otra le indica que lo importante es el movimiento del cuerpo. Con estas referencias, construye sus muletas imaginarias. Sus creaciones son repeticiones memoriosas. Este es el modo que encuentra para tratar de entrar en la escena sexual, ya que carece de las herramientas simbólicas para hacerlo.
Pero, la literalidad juega su partida, y caída del lazo amoroso, María se deja caer.
La escena del pasaje al acto nos impacta por la falta de profundidad emocional. Solo se vislumbra un leve temblor al ver la sangre correr, no hay signos de dolor y todo el cuerpo parece des-investido.
El dato clínico de dejar caer el cuerpo propio, destacado por Lacan en relación a Joyce, lo lleva a conjeturar una desconexión del elemento imaginario en el nudo borromeo.
En la Nota Paso a paso, “De Schreber a Joyce” (6), Miller subraya que el dejar caer la relación con el propio cuerpo como un dato fundamental, fue mencionado por Lacan, tanto en el delirio de Schreber, como en el Caso de la joven homosexual. Se trata de la identificación melancólica como ejemplo de la estructura del Pasaje al Acto. “Es el sujeto en la medida en que su ser se aloja en el objeto a como desecho. El cuerpo participa necesariamente de esto” (7).
Para concluir, podríamos decir, siempre teniendo en cuenta cada caso, que difícilmente en las psicosis ordinarias no se presente algún desarrelgo en el cuerpo, algún tipo de externalidad corporal. (8) “…algo que no pide más que irse, desprenderse como una cáscara” (9) como refiere Lacan respecto de Joyce.
Referencias:
(1) Ildikó Enyedi, On body and soul, Hungría, 2017
(2) J.C.Maleval, “Elementos para una aprehensión clínica de la psicosis ordinaria” https://es.scribd.com/document/87348579/Maleval-Psicosis-Ordinarias
(3) J.A Miller. Efecto Retorno sobre las Psicosis Ordinarias. www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/015/template.php?file=arts/Alcances/Efecto-retorno-sobre-la-psicosis-ordinaria.html
(4) Ibíd. Externalidad Corporal
(5) E.Laurent, El reverso de la biopolítica. Pág. 78
(6) J.A.Miller, Nota Paso a Paso, Apartado 6, “De Schreber a Joyce”. Seminario 23, El Sinthome Pág. 206
(7) Ibíd.. Pág. 206
(8) J.A.Miller, Efecto retorno... Externalidad corporal Ver (3) y (4)
Un lazo posible
Alejandra Breglia
Vamos comprobando al ras de la clínica que lo amoroso en las psicosis ordinarias no se presenta necesariamente delirante o erotómano, y que las respuestas que ensaya el parlêtre al posible encuentro con un partenaire son de lo más diversas; si bien en algunos casos se vislumbran indicios sutiles con un matiz invasivo o signos discretos de una perturbación sentida en el cuerpo.
Nos interroga en esta ocasión si es posible que lo amoroso propicie un arreglo subjetivo diferente que le permita al parlêtre armarse un cuerpo sosteniendo de otro modo su imagen corporal, y favorezca un enganche más vital de sujeción a la vida sirviéndose de un uso posible del lazo al otro.
En este sentido indagar respecto a la intensidad que pueden asumir los impasses del lazo amoroso, como así también la función que cumple; a qué se llama amor y más puntualmente, cómo podemos localizar el lazo amoroso, es un desafío que se nos presenta en la clínica.
Lacan en El Seminario Libro 3 puntualizó para la psicosis un amor muerto que se dirige a un Otro que es carcasa vacía, ya que no contiene al objeto; y también se refirió al amor persecutorio que se produce con la certeza de saber que el Otro goza de él.
La versión que da en El Seminario Libro 10, donde el amor permite al goce condescender al deseo interroga qué lugar para la operación que el deseo puede infligir sobre el goce, y sirve de guía para ubicar si el lazo amoroso consigue articular algo del goce no regulado fálicamente en las psicosis ordinarias.
Ahora bien, en la última enseñanza de Lacan encontramos un cambio de perspectiva para la clínica psicoanalítica, donde las consecuencias del paso de la creencia en el Otro, al imperio del Uno-solo, suponen también una nueva concepción del amor.
“Lacan había deducido que el modelo antiguo no se mantendría en pie, que la sexualidad iba a pasar del Uno de la fusión al Uno-solo. ¡A cada uno, lo suyo! ¡A cada uno, su modo de gozar!”, nos dice Miller en “Las profecías de Lacan”. (1)
Frente al no hay relación sexual, el parlêtre responde con la soledad de su goce, con el Uno-solo de su pequeño delirio. Soledad del Uno-solo que no necesariamente impide el lazo, y que quizá lo permite, sólo a condición que ese lazo incluya lo más singular de cada uno.
En un esfuerzo por cernir las cuestiones clínicas que pueden desprenderse, -sin intentar analizar la película o los personajes-, “On body and soul” (2) nos convoca a pensar e indagar la articulación entre cuerpo y amor.
Entonces propongo interrogar si el lazo amoroso puede ser del orden de un sinthome que anude y otorgue otra consistencia al cuerpo, la idea de un lazo que como suplencia corrija el lapsus del nudo y pueda funcionar como invención estabilizadora.
Iré ubicando algunos pequeños índices, siguiendo la pista que estos personajes nos ofrecen como brújula clínica respecto al vínculo que comienza a darse entre ellos y a la trama, que se va armando de pequeños elementos.
Así entonces ¿cuál es el resorte de este encentro?, ¿qué alberga como partenaire el otro?
María y Endre son dos Unos-solos. El brazo tullido de Endre despierta una mirada distinta en María, él rescata de entrada la rareza de ella y es en esa contingencia que algo comienza a propiciarse.
Cada uno porta su arreglo antes del encuentro. Ella no arma lazo con otros, muestra hábitos mecanizados y una excesiva sujeción al reglamento; él que tuvo muchas mujeres, -quizá demasiadas-, dice que hay que sentir para que algo funcione.
Para María la mirada de la primera conversación con Endre en el comedor toma el estatuto de acontecimiento que genera una cierta perturbación, leída en función de las respuestas que comienza a dar.
Algo fue conmovido y al llegar a su casa repite el diálogo con los saleros, y los deja separados, se mueve sola por la ciudad y se detiene ante el mínimo roce casual de alguien, se queda inmóvil a oscuras frente a la computadora sin interactuar con compañeros de trabajo.
A partir de anoticiarse que comparten el texto del sueño se le facilita algo para ella. Es el divino detalle que localiza la soledad de los Unos, el exilio de cada Uno en su propio goce, y a su vez sitúa el consentimiento al encuentro.
Ubico que algo allí comienza a escribirse, -con el telón de fondo de no hay relación sexual-; y permite un lazo posible para María.
Ella comenzará a prepararse –advertida como está por su psicólogo que el “contacto físico” es lo que le causa problemas-, se dejará orientar por las mujeres que le ofrecen ciertos semblantes: con la música para enamorados, los besos que fisgonea, o el caminar seductor que le proponen.
Tímidamente va permitiendo que el sol, la lluvia, el pasto, o el peluche, toquen su cuerpo, y hasta le declara a Endre un: -“me parece que sos hermoso”. Se va animando y su cuerpo se anima con cada uno de estos pasos.
Da cuenta del alcance del nuevo arreglo que este lazo tiene para ella, tanto el efecto devastador de las palabras de Endre con su: -“no tiene mucho sentido seguir con esto, mejor que sigamos siendo solo compañeros”, que la deja caer y precipita el pasaje al acto de María; como su posterior respuesta al llamado de él que la rescata rápidamente.
Entonces de lo contingente a lo necesario… en el no cesa de escribirse, sitúo la clave de este lazo que lleva a lo posible –cesa de escribirse- del encuentro de los cuerpos.
Un lazo que comenzó a tejerse de la escritura del texto del sueño compartido con la complicidad de ambos en el consentimiento de hacerse partenaire en el sueño, pasa a escribirse en otra trama, que tibiamente intenta manifestarse para ella: le levanta la mano caída a él en la cama, le corta el tomate en el desayuno, levanta sus migas… Trama que transmite una inyección de afecto en el cuerpo, un cierto tono vital que singulariza la existencia.
Y donde se puede vislumbrar un esbozo de arreglo subjetivo que delinea un incipiente saber hacer con eso, que otorga otra consistencia al cuerpo y hace lazo con lo que tiene de vivificante la nueva escritura que le arma un borde.
Si el encuentro con lo “lisiado/roto/horadado” del partenaire le fue favoreciendo a María la inclusión de afecto en su propio cuerpo, le dio también la posibilidad de armar un borde al mismo, tomado como índice sutil de un nuevo ordenamiento donde el cuerpo está implicado.
Sin pretender generalizar y atendiendo el caso por caso, oriento una respuesta posible a la dimensión del lazo amoroso en las psicosis ordinarias, allí donde el partenaire puede propiciarle al parlêtre un cierto uso diferente de su propio cuerpo, un arreglo posible sirviéndose del lazo amoroso. El lazo amoroso como un arreglo, uno de los nombres posibles del sinthôme.
Que como invención puede producir un acotamiento del goce y por lo tanto un apaciguamiento corporal.
En
la perspectiva del Uno-solo, el amor puede ser la invención de un lazo entre
Unos-solos, cada uno con su modo de gozar, Uno-solo, lo que supone una
concepción del amor que no es de complementariedad.
Referencias:
(1) https://zadigespana.com/2019/05/13/las-profecias-de-lacan-entrevista-a-jacques-alain-miller/
(2) On body and soul, (Hungría), 2017, Directora: Ildikó Enyedi.
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