Lo materno ¿solución?

 

Encuentro 11 de Abril de 2022 

Cecilia Rubinetti - Liliana Zaremsky - Alejandra Breglia - Lisa Erbin


Presentación del Seminario 2022:

Lo materno: arreglos y desarreglos   

  

                                                                                    Cecilia Rubinetti   


Elegimos para comenzar los encuentros de este año acercarnos a un tema bien complejo. Abordar lo materno desde la perspectiva que venimos trabajando, desde la perspectiva de los arreglos sintomáticos, hace que vacile todo lo que creíamos saber. Con eso nos encontramos en el trabajo preparatorio para esta clase. Con muchísimas preguntas. Nos propusimos, no sin tener que atravesar primero su efecto abrumador, intentar formularlas lo mejor posible.  

¿Cómo definimos “lo materno”? ¿Cómo participa lo materno del arreglo sintomático de una mujer? ¿Cuándo es sostén de su arreglo y cuándo lo tensa hasta el desamarre? ¿Cómo incide la época y los discursos imperantes en su posibilidad de armarse como arreglo o desarreglo? ¿Lo femenino y lo materno se excluyen? ¿Se reduce lo materno a la ecuación falo-niño que supo conceptualizar Freud? ¿Se reduce lo materno a una modalidad de arreglo circunscripto solamente a la lógica fálica? Lacan da algunas pistas para pensar que no, que lo materno no se reduce al falo y sus derivas. Pero precisamos revisar esas referencias, argumentar, escapar al binarismo y soportar no concluir rápidamente. 

Está claro que estas no son preguntas que podamos responder, pero sin duda nos interpelan, orientan un recorrido y posibilitan quizás algunos hallazgos. 

Nos topamos también en nuestras charlas con un concepto escurridizo que nos obligó al esfuerzo de precisar. En principio pudimos por lo menos circunscribir algunas coordenadas de qué no es. Hablamos del “no-todo”. Tuvimos que diferenciarlo para empezar de su aplicación más intuitiva, de sentido común. El no-todo no se refiere a las partes. Las partes son siempre partes de un todo. Y aunque se nos rompa la cabeza al intentar atraparlo, pescamos que se trata de una lógica antagónica a la del todo. Hablar de no-todo no puede ser pensado como la repartición de un entero en una parte de esto junto a otra parte de aquello. Ni tampoco puede ser localizado a nivel de la excepción que funda el todo. Lo radicalmente distinto que hace que algo se constituya como un todo separado no responde a la lógica del no-todo. El no-todo no se inscribe en la lógica fálica: ni en su circulación en los objetos, en su metonimia ni en sus metáforas, ni forma parte tampoco de sus cristalizaciones en identificaciones al ser o al tener, no participa de la operatoria de la castración, no está hecho de palabras y sentidos variables. Se pesca por qué el pensamiento es débil para atraparlo. Nuestro modo de pensar está hecho de todos esos elementos. Y el no-todo se nos va escurriendo si queremos atraparlo con esa lógica. Avanzamos entonces desde estos primeros trazos que nos advierten al menos por dónde no ir a buscarlo. 

El esfuerzo de acercarnos a precisar la lógica del no-todo no es simplemente un interés epistémico en la última enseñanza de Lacan, ni solamente útil para esclarecer los temas relativos a la sexuación y lo femenino. El no-todo es para Lacan el fundamento mismo del deseo del analista y poder esclarecerlo involucra directamente nuestra posición en la práctica.  

 

   


 Lo materno: ¿Solución?

  

                                                                                    Liliana Zaremsky   


En una época en la cual ser madre ha dejado de ser el ideal prínceps para las mujeres, y en la que un niño puede ser un objeto que, tecnociencia mediante, se obtiene a gusto del consumidor, nos interesamos en el tema de lo materno para interrogarlo desde la perspectiva de los arreglos y desarreglos.


¿De qué manera se vinculan los términos: embarazo, hijo y maternidad?

¿Es lo mismo querer un embarazo que desear un hijo?

¿De que se trata esa asunción?


Para Freud, la maternidad era la salida “normal” del complejo de Edipo femenino. Para la mujer, un hijo representaba la compensación a su falta fálica. Y aunque a lo largo de su obra, intentó desentrañar lo más propio de la naturaleza femenina, sobre el final confiesa desalentado que “luego de treinta años”, no pudo responderse ¿qué quiere una mujer?   

Lacan, en sus primeros desarrollos, sigue superponiendo mujer y madre. Pero, a partir de 1958 (1) despeja los términos, señalando que, si bien la maternidad puede ser una salida posible, esto no ocluye la pregunta acerca de qué es una mujer. Señalando la insuficiencia del falo para abarcar lo femenino, propone un goce específico más allá de la égida fálica.  

Al desplegar la lógica del Edipo (2), enfatiza la necesidad de que la maternidad no obture la feminidad, y recalca la conveniencia de que el deseo femenino se sitúe por fuera del deseo de hijo, destacando la importancia de que la mujer encuentre el signo de su deseo en el cuerpo del partenaire.  

Sus desarrollos posteriores, con las fórmulas de la sexuación, lo conducen a ubicar el lugar de la madre del lado fálico, del lado que está en relación al objeto a, que en ese momento es conceptualizado como semblante.   

JA Miller (3) retoma este hilo y hace hincapié en que los cuidados que la madre prodiga al niño no la disuadan de desear como mujer. Nos advierte que, si nos quedamos solamente con el valor del niño como sustituto fálico, podemos extraviarnos, porque el niño colma, pero también divide.   

Una madre suficientemente buena (4) sería aquella que no lo es tanto.   

Lacan insiste a lo largo de su obra en que siempre se trata de buscar la mujer en la madre.   

Ahora bien, que en la madre haya una mujer, equivale a decir que en ella hay Otro goce -opaco y sin ley- y que, en algunos casos, va en dirección contraria al amor materno.  

Esa confluencia tan delicada como próxima, del deseo materno y el goce femenino, puede desencadenar variados enloquecimientos.   

En el film Tacones Lejanos (5), ya desde el título, el sonido familiar de una madre, el taconeo…se aleja.  

Becky del P…, es una actriz y cantante histriónica, y egocéntrica. Aunque se muestra como una mujer independiente se percibe en todo momento una cierta fragilidad.   

Coqueteando con un nuevo marido, pierde de vista a la hija…y la niña se pierde.   

No la aloja, no entiende el significado de sus demandas de amor, no parece tener un lugar para ella en su universo…y la niña se pierde. La esquiva, no arma el puente, el lazo es débil, no tiene respuestas frente a sus necesidades, tampoco está dispuesta a buscarlas…y la niña se pierde.   

Instantes apasionados con algún amante de turno, parecen encubrir que tampoco a un hombre puede hacerle un lugar. Su deseo está en otro lado, ser una artista, ser deseada por el público, ser aplaudida…las ovaciones… y la niña se pierde.  

La fascinación con su propia imagen en el espejo domina la escena, aplastando la maternidad… y la niña se pierde.  

Para seguir su carrera y filmar una película, la aleja de su camino y se va del país.  

El escenario le otorga una vitalidad que no obtiene de la vida familiar. “Lo único que he sabido hacer es actuar”, dice. Ese ha sido su arreglo más consistente.  

15 años después de haberla abandonando, retorna y se encuentra con el odioenamoramiento de la hija, que toda su vida ha querido que le preste atención, y en esa búsqueda enloquecida, se ha casado con un ex amante suyo -de la madre-.   

La rivalidad se pone en marcha, el goce femenino comanda, y jugando su carta mortífera sobre la hija, la empuja a un pasaje al acto homicida.  

En el último acto, instantes antes de morir por una enfermedad que la aquejaba y mantuvo en silencio, Becky se autoinculpa para salvar a su hija, dejando sus huellas digitales en el arma homicida.  

Más allá de la redención final que el director elige para rematar el filme, me pregunto si se trata de un acto de amor, su último acto de madre, o lo que se pone en juego es un exceso de locura que enlazando a la madre y a la hija arma un continuado en tres actos: 1) la rivalidad entre ellas, 2) la eliminación de los hombres, y 3) la anulación imaginaria de los dos anteriores. 

 

Referencias:

(1) J.Lacan, “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina”, Escritos 2,Ed. Paidós 

(2) J.Lacan, Seminario V. Ed Paidós 

(3) JAMillerEl niño entre la mujer y la madre. http://www.revistavirtualia.com/articulos/562/virtualia-  13/el-nino-entre-la-mujer-y-la-madre 

(4) D.Winnicott, expresión creada para hablar de la relación madre/lactante. 

(5) Pedro Almodovar, film Tacones lejanos”, 1991 




¿La solución “madre”? 

¿La solución “Becky del Plá” (Marisa Paredes)?  

¿La solución “Leda” (Olivia Colman)? 

 

                                                                                    Alejandra Breglia  


Intentaremos aproximar algunas líneas de lectura posibles respecto de “lo materno”, comenzando por articular varias preguntas que nos suscita: 

-Lo materno y la maternidad, ¿son lo mismo? 

- ¿Cómo ubicar lo materno en la clínica de los arreglos y desarreglos? 

- ¿Es posible articular lo materno en la perspectiva del sinthome 

- ¿Puede lo materno ser una solución sinthomática para una mujer?  

 

En un breve recorrido, podemos vislumbrar algunos movimientos en la obra de Lacan, donde lo que sigue no anula lo anterior. 

 

A la luz de la metáfora paterna, con la que Lacan lee el Edipo freudiano, el deseo de la madre aparece mediatizado por el nombre del padre, remitiendo a una división del deseo de la madre: […] “que impone que, en este orden del deseo, el objeto niño no lo sea todo para el sujeto materno. […] que el deseo de la madre diverja y sea llamado por un hombre” (1), nos dice Miller.  

 

A la altura de la conceptualización de los cuatro discursos y su estructura, la figura del deseo materno se ilustra con la boca del cocodrilo, que es necesario que esté calmada por el falo. Lacan nombra al deseo de la madre así: "Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre." (2)

 

En la alusión que Lacan realiza de Medea como “una verdadera mujer en su integridad de mujer” (3), ilustra lo que hay de extraviado en la “verdadera mujer”, mostrando que el deseo materno se sostiene a condición de que en la madre haya una mujer que siga siendo para un hombre –más allá de los hijos- la causa de su deseo y amor 

 

A partir de la introducción de la lógica del no-todo y las fórmulas de la sexuación, se abre otra perspectiva.  Cuando Lacan enuncia: “La mujer no entra en función en la relación sexual sino como madre” (4). Y cuando plantea “si la libido es masculina, nuestra querida mujer, […] le sirve como es bien sabido, […] para no existir más que como madre”5, ¿cómo entendemos este pasaje?, ¿es posible leerlo a la luz de la clínica de los arreglos y soluciones? 

 

Que la mujer entra en función solo como madre, y que no exista más que como madre, ¿podría ser tomado como el intento de alguna inscripción sobre el trasfondo de lo que no hay? 

Es decir, frente a “LA/ mujer que no existe” y “la relación sexual que no existe”, ¿podría ser que lo materno inscribiéndose como sínthoma para algunas mujeres, y que como sínthoma, anude algo que valga como escritura? 

Y en esa línea que “entre como madre”, o que “exista como madre”, abre el interrogante a cómo se escribe eso para cada una, sirviéndose quizá de las figuras que al amo contemporáneo ofrece y sus semblantes. 

 

¿Podemos leer en ciertos modos de defensa frente a lo materno, -en la singularidad del rechazo en algunas, o el empuje a lo materno en otras-, las marcas de lo real dadas por el Otro goce, el femenino, goce que no es reabsorbido por la maternidad y que permanece opaco? En ese borde, cuando intentamos atrapar lo materno, nos deslizamos a lo femenino, situando a la madre nos tropezamos con la mujer. 

 

Entonces, en la “solución Leda” o “la solución Becky”, encontramos aquello que las mantiene a distancia -a la distancia que cada una necesita- de ese goce oscuro que las habita, pudiendo ser intentos de no quedar ellas mismas subsumidas por lo materno. 

 

Me interrogo si la “solución madre” podría ser aquella que -en el mejor de los casos-, haciendo uso de la maternidad como un síntoma de lo materno mismo, permita un arreglo sinthomatico, que manteniendo abierta una cierta hiancia, no colme y preserve del Todo. 


Referencias:

(1) Miller, J.-A., “El niño entre la mujer y la madre” http://www.revistavirtualia.com/articulos/562/virtualia-13/el-nino-entre-la-mujer-y-la-madre

(2) Lacan, J., El Seminario Libro 17, El Reverso del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. p.118.

(3) Lacan, J., “Juventud de Gide o la letra y el deseo”, Escritos 2,

(4) Lacan, J., El Seminario Libro 20, Aún, pag. 47

(5) Idem, pag. 119




Leda: ¿“verdadera mujer”?  

 

Lisa Erbin  

  

 Leda es una mujer de unos 50 años que se nos presenta no toda madre. Tiene y ha tenido un lazo con sus dos hijas, aunque claramente esto no ha sido la única dedicación de su vida.   

Me detendré en una parte de la película: su decisión de partir, durante unos años, dejándolas con su padre y abuela.   

“Temo no poder cuidarlas”- dice Leda, previamente a este hecho, frente al inminente viaje de su partenaire.  

A partir de ahí parece desencadenarse la decisión de ella…  

¿Podríamos forzar nuestro pensar y entender este acto como un paso que mide su distancia subjetiva de la posición de madre? Dejar sus hijas bajo el ala de la cuidadora, el padre, la abuela…no estar ella en ese lugar por unos años.  

Lacan enuncia el sintagma “verdadera mujer” (1) en la “Juventud de Gide, o la letra del deseo” y la retoma Miller en De Mujeres y semblantes definiéndolo como anteriormente enunciaba: la distancia subjetiva de la posición madre (2). Dice que se trata de un “grito de sorpresa, una tyche, de maravilla o de horror, que se percibe, se toca, se hace ver cuando la madre no ha aplastado en ella el agujero” (3). Una forma de consentir a la propia castración, a ser el agujero, un sacrificio de todo tener. “Una “verdadera mujer” explora una zona desconocida, ultrapasa los límites” (4). Entonces no se trata de una posición sino de un instante, momento, acto. Se trata de una propuesta de pensar la estructura de este acto más allá del acto mismo y ver que nos ilumina. En relación a la posición femenina y a La mujer no existe.  

Leda con su acto explora esa zona y va más allá de un límite en cierto punto similar al acto de Medea sacrificando sus hijos o como Nora con su portazo dejando su casa, marido e hijos o Madeleine de Gide quemando las cartas que él le había escrito y que tanto valor tenían para él, como un hijo.  

En Lacan se pregunta sobre si la corriente de lo maternal no recubre todo lo femenino, entonces es ahí donde hay que buscar a la mujer: buscar ese goce que no responde a la lógica fálica.   

Volviendo a la película, pensándola como una viñeta (salvando todas las diferencias) y dejándonos enseñar ¿Se trata de una madre que no hizo consistir el madre? Frente a la pregunta ¿Qué es una mujer? ¿Qué quiere una mujer? Su respuesta no fue solo para el lado toda madre. La respuesta: soy madre no parece dejarla satisfecha. Respuesta que además siempre la pensamos por el lado del tener: la que tiene hijos. Algo más pulsa en ella, alguna respuesta por el lado del ser. “Soy una madre antinatural”- es una definición que intenta sobre ella misma. ¿Qué sería lo antinatural y qué lo natural?  

Está el amor a las hijas. Está el amor a los libros, a los idiomas, a la escritura. Está el amor a la sexualidad, a su cuerpo, a sus partenaires. Sabemos que no existe lo natural. Cada sujeto encuentra, en el mejor de los casos, su propia respuesta a lo que no es natural. ¿Se trata de inventar una respuesta a qué es una mujer? Una solución, un arreglo. Hacerse un ser.   

 

 Referencias: 

(1) Lacan, J., “Juventud de Gide o La letra y el deseo”, Escritos 2, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 1987, p. 740..  

(2) Miller, J.- A., De mujeres y semblantes, Cuadernos del Pasador, Buenos Aires, 2002, p. 90. 

(3) Ibid. p.91. 

(4) Ibid. p.93. 



















Comentarios

Entradas populares de este blog

Presentación

¿Qué vivifica un cuerpo?

Encuentros y desencuentros